miércoles, enero 23, 2008



Amores de estudiante, flores de un día son






- Cristinita, ¡usted no sabe como me apena!.
- Pero dígame de que se apena, Romualdo, por favor, que me deja muy triste.
- Es que para mi es muy difícil explicarlo, en especial a usted.
- Pero Romualdo, nos conocemos hace tiempo, ¡como no va a poder expresarlo!.
- Cristinita, tan tierna, tan santa, tan bonita. Cristinita, hace ocho años que le profeso un puro amor que surge de lo más profundo de mi ser. Ocho años que visito su casa con permiso de sus padres como mandan las más sagradas tradiciones sociales. ¡Cristinita!, yo nunca le he faltado el respeto.
- ¡Lo se, Romualdito, lo se!, por eso le pregunto que es lo que tanto le aflige.
- Es que esto que me corroe por dentro es insoportable ya. Lo pude ocultar en los inicios, luego incluso cuando nuestras relaciones fueron poco a poco haciéndose más íntimas - dentro del cristiano recato - e incluso después de que ya intimáramos lo suficiente, como para tener acercamientos amorosos a espaldas de sus progenitores - picardías propias de los jóvenes - hasta el día en que no se de donde saqué fuerzas para pedirle que viniésemos a escondidas a este sitio mas nuestro, más íntimo. ¡Cristinita!... ¿puedo tutearla?.
- Claro, Romualdo.
- Entonces trataré de lograr decírtelo aquí en mi pieza de pensión, donde hemos llegado luego de tanto amor, de tanta pasión escondida, de tantas ansias. Aqui donde por fin luego de años podemos estar solos, podemos expresar sin tapujos nuestros sentimientos, podemos intimar como hace tantos meses lo deseo, sintiendo la dulce voz de Gardel desde la vitrola. Intimar a plena luz mucho mas de lo que lo hemos podido hacer en el sillón de tu santa casa.
- ¡Hay Romualdo, ya no te conozco!, ¡que te sucede!.
- Ya no me conformo con besos, con caricias, no me conformo con que tu me reconfortes haciendo explotar mis necesidades masculinas cuando estamos a solas y los mayores duermen. ¡Oh tierna Cristinita!, no sabes cuanto placer me ha dado tantas veces tu boca, incluso me he sentido un cerdo corruptor al enseñarte esas prácticas sexuales a las que tu dócilmente te has sometido y ¡tan solo para complacerme a mi, a mi egoísmo!. ¡Por este egoismo he manchado tu recato mantenido como blasón por todo este tiempo!.
- ¡Hay Romualdito, que yo también he gozado!.
- Pero si, Cristinita mi amor, claro que si, no puedo negar que me has dado muchísimo placer, pero yo se valorar muy bien que pese al deseo que debes sentir, estoicamente has guardado tu sexo para cuando juntemos para siempre nuestras vidas en el altar, frente al Señor. ¿Crees que no tengo en cuenta que para satisfacerme también te has prestado a efectuar relaciones por donde la naturaleza no lo indica? ¿Crees que no se que toleras ese sufrimiento solo para darme felicidad? ¡Por eso te amo y por eso mi vergüenza es mayor, Cristina!, por eso me apena mucho lo que tengo que confesar...
- ¡Por Dios y la Virgen, Romualdo!, dímelo de una buena vez que no aguanto tantos nervios.
- Es que el deseo me ha invadido y me priva de mis más elementales nociones de caballerosidad, de humanismo, de modales. Me siento tosco, me siento grosero. Por una parte creo que no te merezco y por otra te deseo tanto que me siento capaz de las mayores locuras... ¡hoy estamos solos y te deseo tanto, Cristinita!.
- ¡Romualdo, si yo también quiero ser tuya completamente desde hace tiempo!. ¡Tómame, Romualdo, tómame ya mi amor!.
- ¡Eso es lo que me tiene enloquecido, Cristinita, ese es mi secreto diabólico!, para lograr un placer total necesito algunas cosas extrañas, que no se en que momento mi mente se deformó como para aceptarlas... Cristina, ¡te pido perdón Cristina!, no me odies, pero mi secreto es que para gozar completamente tengo que tener una bombacha tuya en la cabeza y sentir que me azotan con algo contundente en la espalda y las nalgas... ¡oh Cristina, cuanta vergüenza me invade!, no me siento digno de tu amor, Cristina.
- Pero no, Romualdito, ¿eso era simplemente lo que te agobiaba?, ¿esa pequeña picardía?, si todos tenemos secretos, mi amor.
- ¿Tu también Cristinita?
- ¡Claro, mi vida!, yo, para empezar, soy travesti.




jueves, enero 17, 2008






El abuelo y su aparato




El abuelo se lo zarandeaba con cariño.


No importaba quién estuviese a su frente, él lo agarraba moviéndolo con desparpajo a izquierda y derecha, arriba y abajo,
acariciándolo, apretándolo, balanceándolo, como haciendo gala de que, pese a su edad, tenia dominio total del asunto.

La impresión que esto causaba en su público era disímil.

Cuando vio entrar al cuarto a Doña Elena, la vecina del 304, acompañada por Doña Maria Clotilde, a su vez vecina del 407 – las dos muy amigas del viejo - y sabiendo como sabíamos todos que al abuelo le gustaba mucho Doña Elena, no nos llamó la atención ver como, cuando ella quedó en su alcance visual se lo agarró con nerviosismo jalándolo para todos lados con desfachatez.

“Mire lo que hace... y si, cosas de viejo chocho”, opinó la mayoría.

Pero los que lo conocíamos veíamos desde su cara inmutable, paralizada por el derrame cerebral sufrido un par de semanas atrás, que los ojos tenían ese brillo de picardía tan típico de él, cuando estaba haciendo travesuras.

Al terminar de menearlo, doña Elena, que había observado atentamente el despliegue de movimientos, levantando un poco la frente para poder ver con los cristales de cerca, entendió el mensaje que estaba bien claro era definitivamente para ella, y no pudo dejar de ruborizarse. Le comento a su amiga por lo bajo:

“Mirálo a este sinvergüenza. Si no fuera porque uno lo conoce de tanto tiempo, m´hija, ¡quien iba a decir! Pierde los pelos pero no las mañas” y largó una risita nerviosa. Doña Maria Clotilde asintió con un movimiento afirmativo de la cabeza, pero siempre manteniendo esa seriedad casi agriada, que era una leyenda en el barrio. Solo los repetidos guiños del ojo derecho lograban delatar cierto nerviosismo, - era un tic que aparecía cuando estaba intranquila – . Y se notaba tensa, porque mantenía todo el tiempo bien apretado entre sus manos el rosario de cuentas de carey. Venían de la iglesia donde habían dado gracias por la recuperación impensada del abuelo, que aunque era muy pequeña, muy leve para alguien a quien los médicos habían prácticamente desahuciado, era bastante.

Es que las veteranas comentaban entre ellas:

” Para dejarlo en ese estado... con lo activo que era Don Alcides... porque para hacer un milagro... ¡hacerlo bien o no hacer nada che! ¿a vos que te parece?”
Esa había sido la opinión de Doña María Clotilde, efectuada en la intimidad a Doña Elena, en una clara demostración de disconformidad con los alcances del milagro de Fe y en clara rebeldía católica pasible de sanción si era escuchada.

Pero el cura no podía oírlas, estaba lejos, confesando a la menor de las
Pérez-Campos, vecinas de a la vuelta. Y si esa “nena” le contaba todo lo que tenía para contarle al viejo párroco, se le iba la mañana entera. Las dos ancianas que la habían visto entrar al confesionario a “lavarse” los pecados, se miraron y movieron la cabeza a dúo en señal de desaprobación.

El abuelo seguía en la suya, parecía decidido a dominarlo totalmente.

De vez en cuando y sin necesitar motivos volvía a acariciárselo, y se lo apretaba contra la pierna. Allí le daba pequeños golpecitos y luego lo mantenía agarrado de costado. Parecía jactarse del tamaño que tenía y de la facilidad con que lo gobernaba. Ayer había entrado la nurse culona de la tarde y mirando como lo manoseaba le dijo: “¡Pero Don Alcides! déjeselo che!! ¡que lo va a terminar gastando!.”

El comentario aumentó y aceleró los movimientos, generando una secuencia de caricias, bamboleos y apretones que terminaron por hacer que la rubia teñida, muy simpática y con unos cuantos quilos de más, cuando el paciente terminó de menearlo, lo mirara atentamente y saliera a las carcajadas de la sala moviendo el inmenso popocho cadenciosamente.

Don Alcides siguió mirando ese monumental referente mientras pudo.


Por la inmovilidad a la que lo tenía condenado la parálisis, acostado semi sentado en la cama articulada, su campo de visión era limitado. Pero hasta donde pudo girar los ojitos pícaros, que parecían a punto de salírsele de las cuencas, lo miró. Ella salió de la sala y desapareció por la puerta, pero se seguían sintiendo a lo lejos las carcajadas resonando en los corredores.

Los ojos del abuelo trasmitían satisfacción. Se lo soltó.

El pico máximo de estos dimes y diretes familiares acontecidos por la repentina enfermedad –casi fatal – del veterano, vino a suceder justamente hoy de mañana cuando llegó de visita el inefable y odiado nieto menor del abuelo.

“El Nene” – ese es el apodo que tiene – nunca lo quiso al viejo y a todos llamó la atención que se ofreciera para cuidarlo cuando murió la abuela, años atrás.

Fue una decisión muy sospechosa.

Los hijos o no estaban en el país o no tenían las comodidades necesarias o el tiempo requerido, pero todos ayudaban con dinero, y el nieto se hizo cargo.

Ayudó mucho a que adoptara esta decisión, la herencia que el viejo le iba a dejar. Nunca se había confirmado, pero al parecer había sido un acuerdo de partes – Escribano incluido - con la que al anciano agradecía el sacrificio del nieto. No olvidemos que por ese entonces el viejo – y también nosotros, aunque algunos dudábamos - pensába que lo hacía de buena fe.

Después entendimos que si no fuera por esa esperanza de riqueza fácil, seguramente hacía mucho tiempo que lo había mandado internar en un asilo.

Quedó bien claro que todo era por interés.

Pese a la imperturbable alegría de Don Alcides que era un imán para sus bisnietos y a que del abuelo jamás alguien podría decir que pecaba de “metido” en las cosas propias de la familia del nieto, este lo culpaba de su fracaso matrimonial cuando en realidad era un problema generado por su estilo de vida, ya que era un esclavo del trabajo – por avaricia, que no por necesidad - y veía a los hijos solo durmiendo.

Este alejamiento permanente del hogar había enfriado la relación de pareja, que se había convertido en una simple costumbre, apagada ya la pasión mucho tiempo atrás. Y como el abuelo estaba solo, sin nadie que lo defendiera, era mucho mas fácil hacer recaer en él todas las culpas, que autoanalizarse.

Con el tiempo se gestó un odio evidente entre ellos.

Ese día quien sabe a santo de que problema personal, el Nene llegó envenenado. Sin siquiera saludar a los presentes le espetó al viejo postrado: “¡Bien dicen que yerba mala nunca muere!... pensar que cuanto te dio el ataque me había hecho ilusiones de que te enterraba enseguida y vos estás cada día mejor. ¡Ni en eso me haces un gusto, viejo.!”

Fue tan fuera de lugar y tan injusto lo dicho por el hombre, que todos los presentes entendieron que no le estaba hablando al abuelo postrado, estaba haciendo una “descarga” de otros asuntos que venia arrastrando.

Don Alcides siempre mantenía su cara indiferente imposibilitado por la parálisis facial de cualquier gesto – parálisis facial probablemente transitoria, había dicho el medico tratante: “es por el edema cerebral, saben, la inflamación que queda cerca del derrame. Quizás cuando esta inflamación retroceda, el abuelo pueda recuperar, si no todo, al menos parte de ... etc.etc.”- así que todavía no se acababan las esperanzas. Ante ese ataque verbal todos quedamos paralizados.

Menos el abuelo.

Cuando alcancé a reponerme y avanzaba para sacar a patadas al malparido del nieto, mi señora me agarrón del brazo y me hizo mirar al postrado.

Los ojos le habían quedado rojizos y un intenso y endemoniado fulgor parecía lanzar rayos desde lo mas profundo. Siempre mirando al nieto fijamente a la cara desde esos rasgos pétreos, imposibilitados de gestos y emociones, se agarró violentamente el aparato con odio y lo zarandeó y movió para todos lados, jalándolo y balanceándolo, apretándolo contra la pierna con la única mano que podía mover con cierta agilidad.

Parecía que se lo iba a arrancar.

Justamente el aparato de control de la computadora se lo habían dejado colgando por debajo de la cintura en medio de sus piernas, para que quedara al alcance de esa mano. Había aprendido a manejar el sistema con facilidad en solo una semana. Tenia un talento natural para adaptarse.

Si lo deseaba, luego de escribir el texto, apretaba el control y comprimiendo un botón rojo contra su muslo la maquina cibernética leía con su voz metálica el texto escrito en la pequeña pantalla de cristal líquido. (Cosas del avance de la tecnología sugeridas por los galenos que, pese a su costo, entre los familiares habíamos decidido alquilar para que el querido abuelo pudiera comunicarse y no quedase aislado.)

Y fue un acierto.

Cuando terminó de mover la mano como poseído, apretó el aparato y oprimió el botón rojo. Entonces sucedió algo increíble. Todos escuchamos una voz monocorde, asexuada, carente de emociones, metálica con cierta resonancia, que decía:

“I-ni-cio-del-men-sa-je:
Mi-se-ra-ble-ba-su-ra-no-sos-mas-que-una-
mon-ta-ña-de-mier-da-ten-go-el-pla-cer-de-
de-cir-te-que-ha-ce-un-a-ño-me-
a-se-gu-ré-
con-el-es-cri-ba-no-de-que-vos-
no-re-ci-bas-ni-un-pe-so-de-mi-he-ren-cia-

co-mo-pa-go-a-las-a-mar-gu-ras-que-me-has-
he-cho-vi-vir-no-pen-sa-ba-
de-cír-te-lo-en-
es-ta-for-ma-pe-ro-i-gu-al-me-re-sul-ta-gra-to-

An-da-a-la-pu-ta-ma-dre-que-te-re-pa-rió-
y-que-mi-hi-ja-me-per-do-ne.
Fin-del-men-sa-je”.


Así termino la computadora de trasmitir la filtrada bronca cibernética.

El Nene quedo pálido, la boca semiabierta, no atinó a pronunciar palabra y se fue intempestivamente como había llegado, dando un portazo.

Los ojos enrojecidos del abuelo se calmaron e irradiaron placer. La mano aflojo el aparato y quedó relajada sobre su muslo. Descansó.

Yo adoraba ese viejo y sufría al verlo en ese estado - no lo tenía conmigo por no vivir en el país - y más lo pasé a adorar desde este momento, porque yo también le tenia asco realmente a ese tipo. Su puteada fue la mia. (Aunque a decir verdad yo interiormente estaba casi seguro que el viejo nos iba a dar una sorpresa a todos y que en esta vuelta no se “pelaba”. No se por que motivo pero tenía ese presentimiento, casi estaba seguro.)

¡Que hermoso fue sentir esa voz cibernética puteando en megabytes!

“¡Que maravilla la ciencia!” pensé, y acercándome al abuelo le tome la mano y le dije: “¡Lo parió veterano!, esa puteada ha sido maravillosa, ¡maravillosa!, realmente la obra de un Maestro, mis respetos querido Genio.”

Los ojitos brillaron otra vez satisfechos. Acarició el aparato con un cariño especial y entrecerró los ojos asintiendo. Noté un levísimo movimiento de su labio superior. Al parecer la conmoción a fin de cuentas lo había ayudado. Comenzaba a retomar el control de los músculos de su cara, lentamente.

“Bien lo sabia yo”, quede pensando.


Diciembre 27 de 2002 Costa de Oro, Uruguay

martes, noviembre 27, 2007


Confirmación suprema




Dio un inmenso salto aterrizando en el césped húmedo, derrapando ligeramente al caer. Sentía un olor maravilloso y lo buscaba, era un perfume irresistible. Caminaba bamboleándose y todo lo que veia parecía salido de un cuento surrealista, seguramente efectos de los excesos de la cena de despedida de fin de año de la empresa. Algo le habría caido mal, o era la resaca, el mono de tanto alcohol. Camino en ese extraño estado hasta el borde de una laguna de la que surgía una neblina hermosa. Sin pensarlo dos veces dio otro salto hacia la orilla contraria pero sin la fuerza sufuciente. Cayo en medio del agua y se agarró de un tronco instintivamente por miedo a hundirse. Por momentos recordó un dolor intenso en el pecho que le impedía respirar, esa garra que le apretaba el cuello y el dolor, el impresionante dolor en el brazo izquierdo. Muy cerca de él se poso una gran mosca verde y descubrió que el aroma empalagoso, ese que estaba siguiendo, venia de ella. Instintivamente quedo quieto, en total alarma y le llamo la atención - pero poco - ver como sin ningún esfuerzo estiraba su larga lengua atrapaba la mosca y la degustaba... ¡estaba simplemente deliciosa!. Experiencia tras experiencia, ahora su atención quedo fija en una libélula que flotaba muy cerca a su alcance. Poco antes que se borrara toda la memoria humana remanente lo logro entender, mientras se aprestaba a atacar a la libélula...¡era cierto!, ¡lo de la reencarnación era cierto!

Toma de conciencia


Él normalmente no creería lo que le estaban diciendo, pero quien hablaba era una persona de su absoluta confianza.


Si ese amigo le afirmaba lo que le estaba afirmando, se podía estar absolutamente seguro de que era cierto, porque sus palabras le salían de muy adentro del alma.


Además no existían motivos para dudar, no solamente por la confianza de años, sino porque el hombre era un especialista en ese tipo de asuntos, pues esa serenidad y veracidad en sus dichos los había logrado luego de años de psicoterapia y toda la experiencia aventaba cualquier sospecha de falsedad o interés secundario.


Pero de todas formas, sin discusiones, mirándolo por donde lo mirara, era difícil de creer, difícil de entender y más aun difícil de asumir así como así, por lo que hizo un esfuerzo casi sobrehumano para guardar todas sus inquietudes y complejos, serenó su mente, se “plantó” en la nueva realidad revelada sin salir de su asombro y con una calma y seguridad que no se conocía, ante el secreto increíble que ese amigo de la infancia le había confesado en ese instante, él contestó:


“Y sí, no puedo mentir, yo también te quiero.”


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sábado, noviembre 03, 2007


Vida de burócrata.



Estudiando las situaciones que se van presentando a lo largo de una jornada aburrida y cansadora - así como también reiterativa - no pude menos que abstraerme mirando sobre la pantalla de la computadora, donde tengo una ventana pequeña de aproximadamente sesenta por sesenta centímetros, vidrios sucios y empañados, que de todas formas dan una visión más o menos definida del edificio de enfrente, igualmente gris y manchado con caca de paloma, con sus grandes ventanales de vidrios reflectantes que permiten ver mi propia imagen ahora desde afuera, empequeñecida. Las palomas dialogan con sus “guruguruguruguruguruguru” casi frente a mi, detrás del vidrio, viéndolas también desde otra perspectiva, mucho mas pequeñitas. También se ve el reflejo de la ventana del piso de abajo y casualmente el soberano sopapo que una rubia muy voluptuosa le aplica a un veterano pelado que la tiene apretada contra el vidrio mientras acaricia uno de sus pechos. Se puede ver el forcejeo, al hombre que la toma del cuello, como ella grita – no alcanzo a sentir el sonido – y la explosión de vidrios cuando la tira al vacío. Toda la escena entra justito en el reflejo de la oficina de enfrente y en el marco de mi pequeña curiosa ventana. Un ruido seco acompañado de vidrios que se rompen y chirridos de frenadas de los autos apenas se alcanzan a sentir. La bocha pelada sale por la ventana y mira hacia la calle, luego se coloca una pistola de caño largo en la boca y dispara, se siente clarito una explosión apagada y es gracioso ver como le salta la tapa del cráneo seguramente cuando la bala le pega desde el lado de adentro. El cuerpo cae y se me sale de cuadro, por lo que dejo de saber que pasa. Otras cabezas aparecen en las ventanas de mi edificio y del de enfrente. Las palomas vuelan. El débil ulular de una sirena comienza a sentirse y se va haciendo mas fuerte. No me levanto para observar porque sé que la ventana esta trabada y no se va a abrir. Sigo mirando los reflejos, paulatinamente todo retoma a la normalidad, quedan por fin los eternos ruidos del transito que llegan desde muy abajo. Gracias a las discusiones de la pareja el tiempo se pasó rápido. El reloj me informa que faltan quince para las siete, final de otra jornada aburrida realmente, esta planilla de gastos la terminaré mañana, si Dios quiere. Si no fuera por el aporte de la rubia y el pelado..., bueno, hubiera sido insoportable. Bien, es hora, misión cumplida. Cerrá atrás y vamos. Mañana tendremos los comentarios de los sucesos de hoy, y como siempre será un día rutinario, aburrido, cansador, reiterativo.

¡Que vida de mierda.!

domingo, junio 24, 2007

Breve encuentro confundido














“¡Doctor! - gritó al cruzarse con nosotros en la calle dirigiéndose hacia mi - ¡que bueno que lo veo, Doctor!, ¿cómo esta usted?“ – yo le contesté pausadamente – “Bien, bien, aquí estamos, ¿cómo va todo?” - y el hombre siguió como en un informativo tipo “flash”


– “... ya la pasaron al gastroenterólogo que le pidió un estudio especial del estómago, por suerte como usted ya había sospechado, del corazón no tenia nada y mire que le hicieron todos los estudios, hasta ese del aparatito las 24 horas y no salió nada, esta mejor que yo, pero algo encontraron en el estómago, inflamado creo que me dijeron, si yo me acordaba de usted que fue el primero que nos alertó de esa posibilidad, ¡no sabe como agradezco su interés!” – era como una ametralladora, intenté tranquilizarlo – “Pero por favor, no faltaba más, menos mal que pudimos solucionar y ahora le van a hacer los otros estudios, seguramente” – él consentía nervioso moviendo afirmativamente la cabeza – “¡Si doctor, ya mañana empiezan la rutina de estudios digestivos, por alli esta la cosa bien decía usted, nosotros estábamos tan nerviosos pero por suerte es algo menor, quizás una úlcera, pero nada comparado con lo que nos imaginábamos...!” – mi voz ahora era complaciente y trasmitía seguridad – “Bueno mi amigo, me alegro que las cosas estén encaminadas, ya sabe que siempre estamos a las órdenes” – esto desató una gran sonrisa en la cara colorada del hombre, nervioso y deseoso de trasmitir su agradecimiento – “¡Muy agradecido, doctor, muy agradecido! Se va a quedar contenta mi señora cuando sepa que lo encontré, que lo pase usted muy bien!” – decidí darle un toque final de familiaridad – “Me saluda a la señora” – el hombre me contestó rápidamente dándome la mano con vehemencia – “¡Claro que si Doctor, tenga buenas noches!” – me despedí cariñosamente – “Igualmente para usted, nos estamos viendo”. Mi amigo había contemplado toda la conversación guardando un respetuoso silencio, en el momento que el señor se alejaba me preguntó intrigado: “¡Pero mira vos! ¿y desde cuando sos médico?, hace añares que trabajamos en la oficina y no estaba enterado che, ¿quién era ese tipo?” - le fui totalmente sincero – “La verdad, no tengo ni idea”. Ahora estaba todavía mas asombrado: “¿Y la señora?” – siguió preguntando –“ Menos”. “¿Pero entonces como le seguiste la conversación si no sabes quien es?”. “Lo que pasa es que yo no se quien es, pero él estaba seguro que estaba hablando con quien quería hablar, ¡no viste que felicidad tenía de poder contarle toas esas cosas...! ¿Con todos los problemas que tenemos, todavía vos querés que le pinche el globo a ese hombre?, si él esta convencido que justo encontró a quien quería encontrar y que charló con su médico y para mejor cuando hable realmente con el médico, esos tipos tienen tantas consultas que no se va a acordar de nada y le va a decir que si, que todo estaba bien... ¡¡y todos felices che!!”. Se ve que fui muy convincente porque mi amigo pensó un momento, se rascó la pera y estuvo de acuerdo: “Y pa que te voy a decir que no, si sí. ¡Tenés razón, hiciste bien!”





Y aclarado el punto, seguimos caminando en la noche Montevideana hacia nuestro destino.





La vida fluye.

martes, febrero 20, 2007


Calle cerrada. ( O el puto destino.)



Pateó con bronca la lata de refresco vacía que cayó lejos rebotando con ruido metálico y continuo rodando por la bajada de la calle, volvió a mirar de reojo los dos elementos que estaban en la esquina -no le parecieron peligrosos o al menos no más que lo normal – y empujó el carrito de madera con la carga de cartones y papel que había podido conseguir esa día, arriba del cantero. Tuvo que jalar con fuerza porque los pequeños rulemanes se habían trabado en un hueco del hormigón. Por fin se acomodó en una de las esquinas de la plaza publica, bajo la anacahuita gigante –vieja amiga- en el mismo lado de siempre, su preferido, donde las raíces sobresalían un poco y brindaban una especie de almohada natural. Acomodó la cabecera de su improvisada
cama portátil y desarmable – una bolsa de nylon con un impreso:
"This side up" rellena de trapos viejos – estiró la gran caja de cartón plegada donde rezaba: "G.E. Refrigerador-Frío seco 24 pies cúbicos", una inmensa flecha gruesa y negra señalaba supuestamente para "arriba" y mas abajo la advertencia en grandes letras: "Frágil". Se sentó en el medio de la flecha - hoy apuntaba a la cabecera - y antes de recostarse saco una petaca de whisky Chivas Reagal rellena con alcohol rectificado curado con alpiste que acababa de comprar en la farmacia, dio un trago pequeño, degustó con la lengua y tragó, terminando la secuencia con un carraspeo seguido de tos seca productor de un grueso gargajo que la escupida hizo volar mas de un metro en parábola yendo a caer entre las hermosas flores multicolores del cantero próximo.
Pensó en armar un cigarro, los dedos completamente marrones incluso comenzaron a recorrer el camino hacia el bolsillo pero desistió, estaba cansado. Suspiró profundamente, luego aproximó mas el carrito hacia el tronco del árbol por seguridad, noto que el olor a orines secos común en ese lugar estaba menos fuerte que en otras ocasiones – aunque su nariz no hacia distingos, prácticamente ya no lo olía – y por fin apoyó la cabeza. Tapó las piernas por si llovía con una caja multicolor de grueso compensado donde sobre una foto de computadora se leía "Notebook 14. Full screen. Handle with care. Made in Taiwan", y por fin se cubrió completamente con una cobija que pedía a gritos su sacrificio por el fuego para dejar de sufrir su suciedad y exorcizar a la vez la inmensa colonia de parásitos demoníacos que sufría como penitencia. Pero esa noche no iba a llover. Durante mas de una hora quedo mirando las estrellas entre las ramas de la anacahuita gigante, fijó la mirada en ellas, en su vaivén con la brisa de la madrugada, los párpados los sentía mas pesados y dejando ir los pensamientos comenzaron a desaparecer los ruidos del tránsito, el parloteo de los tipos de la esquina y el ruido de las olas que eternamente murmuraban a lo lejos aseguraba que el río estaba bravo y enojado. La rompiente se sentía clarito aumentada por la humedad de esa noche otoñal. No podía conciliar el sueño, Susana dormía profundamente a su lado con un ronquido intermitente y la boca entreabierta, como siempre, ya de chica venia arrastrando ese problema de las vegetaciones que nunca había decidido operar, realmente la envidiaba. Él se daba vueltas y vueltas y no podía dormir. Fue a tomarse un buen vaso de leche tibia con azúcar que generalmente le ayudaba a dormir. Al pasar hacia la cocina miro desde la puerta del cuarto de los botijas y con el resplandor de la luna vio a los mellizos bien dormidos, rodeados de sus juguetes. Sonriendo satisfecho siguió su camino y casi se cae al piso porque el Boby se cruzó moviéndole la cola y tirando lambetazos, pidiéndole mimos como siempre, en voz baja le dijo que se quedara "quieto perrito de mierda", le juró que lo denunciaría a la perrera por el delito de soborno y por fin se rindió a los pedidos del foxterrier dándole una buena bola de carne picada, con esto logro que el bichito se quedara quieto al menos un momento. Mientras preparaba la leche el ¡miauuuuu! Imperativo y cadencioso del Morris le avisó que tenia otro amigo mas para el "tentempié" de la madrugada. Vencido, sin discutir repartió en dos platitos un poco de leche y con eso entretuvo las fieras. Encontró una margarita de dulce de leche - uno de sus bizcochos preferidos – abandonada en la panera y decidió terminar con su soledad dándole cobijo en su estomago junto con la leche. Quiso mirar diario del día anterior pero había dejado los lentes en la mesa de luz. Desistió. Bostezando calzó las chinelas y volvió a la cama. Al acostarse con cuidado para no despertar a la jefa la vio ahora de costado, ya no roncaba, sus hermosas curvas lo atraparon y las piernas semi destapadas le revolvieron la testosterona comenzando a excitarse solo de mirarla. En un arranque de "voyerismo" levanto un poco mas la sábana de las piernas y disfruto la visión pensando: "Que pelotudo jeropa de mierda haciéndote la cabeza solo, si la despertás ahora te degüella" y la volvió a tapar acurrucándose a su lado despacito. Pese a todos los problemas , haciendo un balance general su vida era buena, tenia a su familia, su casa, su trabajo sus deudas... ¡y cuantas deudas y que difícil todo! por eso hacía tiempo no podía dormir, le daban vuelta las boletas y los números y las posibilidades laborales y el recorrido que tendría que hacer mañana y asi pasaban los minutos mirando fijamente el techo, se le iban las noche fijando la vista en las ramas de los pinos y sus sombras moviéndose y moviéndose al viento viendo entre ellas las estrellas y a lo lejos las luces del mismo avión de siempre que levantaba vuelo – "deben ser las tres de la matina ya" pensó – porque siempre decolaba a esa hora y pasaba por arriba de la casa. La falta de buen descanso lo hacía estar medio tarambana todo el día. El vaivén de las sombras y el ronroneo de la rompiente del río comenzaron a sumar efecto con el estomago calentito, le entro una modorra agradable y el ruido de una frenada lo sobresaltó sacándolo de ese limbo indefinido donde por unos segundos no podemos diferenciar entre sueño y realidad, trayéndolo abruptamente a su hoy marginado. Miro hacia la esquina de la plaza y alcanzó a sentir las puteadas que se dieron los involucrados – un taxista y un camionero - pero sin consecuencias, no llegaron a chocar. El camión era de la misma marca y año que el que él había tenido años atrás, cuando dejaba la vida en las calles con el reparto, cuando todo era distinto, cuando salían los fines de semana a descansar con la familia, de la misma marca y año con el que tuvieron el maldito accidente.


La nueva rutina. (O toda una vida tapando agujeros.)

No tenia ni idea de lo que se le venia.
Cuando el humilde sereno de la fábrica llego a la cantina como todas las noches, no esperaba la increíble noticia.
El mozo se acerco al veterano con una sonrisa inmensa y le dijo a los gritos sin preámbulos:
"¡Lo sacamos loco, lo sacamos!... ¿pero nadie te había dicho?... ¡¡le pegamos al gordo de fin de año con el colectivo, ñato, le pegamos!! ¿sabes cuanto nos toca a cada uno?...¡¡mas de cuatrocientos mil verdes, mas de cuatrocientos chalas verdes!! pero... ¡me entendiste o no me entendiste, loco,! ¿no vas a decir nada?"

El obrero gastronómico estaba eufórico.
Y el pobre hombre acostumbrado a una vida de privaciones, a permanentes cenas de mínimo costo si tenía los pocos pesos necesarios y de no tenerlos al mate, engañador del hambre y fiel compañero del humilde, parecía como adormilado.
Es que estaba confundido por la noticia inmensa, obnubilado por algo que no podía entender completamente, incapáz de asumir así, de golpe, algo que cambiaba todo, que pateaba el tablero de su existencia. Quedó repitiendo en voz baja:
"¿Lo sacamos?... ¿el gordo de fin de año?... ¿vos no me estas jodiendo, negrito?" y en un empuje de liberación dijo casi gritando: ¡LO PARIO!, quedo pensando unos segundos nuevamente y siguió:
"Entonces sabes que: hoy no me traigas las croquetas de siempre ni el vasito de agua, no. Hoy... hoy... que joder, ¡¡HOY TRAEME EL PLATO DEL DÍA, TRAEME!! y un litro de cerveza... ¡si loco, si, UN-LI-TRO-DE-CER-VE-ZA! y hoy también... si, hoy si... postre traeme, traeme postre carajo, mirá...¡FLAN CON DULCE DE LECHE TRAEME CHE!, y te digo más negrito, te digo más... ¿sabes que? ¡TRAEME DOS!, ¡SI NEGRITO DOS TRAEME, DOS FLANES CON DULCE DE LECHE TRAEME, PA-RA-MI-SO-LO!, ¡que mierda!, traeme dos flanes con dulce de leche traeme, que total ahora somos ricos, somos... no lo puedo creer mi hermano, ¡que lo parió! ¡METIMOS EL GORDO DE FIN DE AÑO!, y quedo hablando para si mismo en voz bajita, los codos sobre la mesa, la mano derecha sosteniendo la quijada, acariciándose la cabeza de escaso pelo canoso con la izquierda, la espalda mas arqueada que de costumbre buscando apoyarse sobre la mesa redonda de cármica marrón y con la mirada fija en un viejo calendario grasiento del año pasado colgado en la pared:

"El gordo de fin de año... ¡pahhhhh!".


Ernesto y su sueño. (Segunda chance.)








Como todos los días, Ernesto esperó pacientemente el ómnibus en la parada de la esquina, y llegó a la hora prevista. Subió junto a otros ciudadanos apurados y como no iba muy lleno consiguió asiento sin dificultad. No era raro el tener que ir todo el viaje parado. Pero ese día le toco comodidad. Miraba a través del vidrio empañado los mismos paisajes de siempre, ese auto abandonado desde hacía años en el terreno baldío, la ancianita barriendo la vereda, año tras año mas encorvada, los niños entrando en la escuela en el turno matutino con ese bullicio de vida que siempre le encantaba, todo rutinario, todo lo mismo, en cierto sentido agobiante por lo previsible.


En ocasiones jugaba con las posibilidades, una especie de juego de premoniciones, como suponer que cuando subiera la señora grandota, que sospechaba era enfermera porque siempre se bajaba en la parada del Hospital Central, la que permanentemente lo tomaba en la esquina de la rotonda del boulevard, y como estaba amenazando lluvia se apostó a si mismo que estaría con la gabardina celeste que acostumbraba utilizar, y en ese juego interno esperaba con ansias la llegada a ese lugar. La miraba y si, había acertado, ella subía con la gabardina celeste. Punto a favor. Y como el invierno ya estaba ocupando sus espacios de tiempo, era casi seguro que el viejito iba a estar en la plaza como siempre cuando el colectivo la rodeara en su trayecto diario. Y el nono llevaba su mascota a que hiciera sus necesidades – un perrito raza Crica (Criollo-callejero), tan viejo o mas, que su dueño y por lo que se podía apreciar, prácticamente un hijo mas para ese anciano solitario – Pensaba: ¿con que abrigo estaría hoy la mascota?. Apostó todas las fichas neuronales al viejo abrigo rojo que le concia de varios inviernos, no creía que ese día tan gris el viejo le fuera a poner el azul marino que era muy triste, pero perdió feo, porque cuando los vio al doblar en la plaza, el animalito mimado estaba estrenando un abrigo verde y blanco que le era desconocido. Punto en contra.

Y en esos juegos mentales internos dejaba correr los cuarenta y cinco minutos de trayecto, hasta llegar a la rutina de la oficina, al stress, los gritos, los apuros durante ocho horas. Y luego el retorno, ya noche en esta época del año, viendo los conocidos paisajes para volver al entorno familiar con todos sus matices de gris de familia grande. Algo le llamo la atención. La radio del chofer estaba muy alta –como siempre- y aunque prácticamente no había escuchado nada de la emisión, ensimismado como estaba en sus pensamientos, notó que repetidamente se escuchaban a los Beatles, los Animals, y antiguos éxitos de los Rollings Stones.

Se dio cuenta que hacía rato no sentía música actual, pero seguramente era un programa de esos de remake, de inolvidables, especializado en música de los setentas. Janis Joplin gritaba como un ángel a capela la canción del Mercedes Benz, y el genial Jimmi Hendrix llenaba el ambiente con su "Niebla Púrpura". ¡Que programa excelente!, casi se para para preguntarle al conductor que estación era, pero decidió quedarse en su asiento y escuchar atentamente esperando sentir la mención de la estación.

Luego de varios éxitos de los sesentas y setentas, y cuando Joe Cocker terminaba de hacerle parar los pelos con su vozarrón, la voz del locutor informaba que se estaban calculando concurrirían mas de trescientos mil personas al próximo concierto que se efectuaría en una granja en Wookstok, en los EEUU. Refería el del micrófono que concurrirían los mas destacados grupos y solistas del momento y luego de varias apreciaciones del evento a realizarse, el inconfundible estilo de Santana con su "Samba pa ti" llenó el colectivo. En la cabeza de Ernesto surgieron infinidad de interrogantes.

¿Por qué se estaba anunciando un evento que tenía mas de treinta años de efectuado?. Realmente era un programa muy especial, y le agradaba ese juego de retorno en el tiempo. Cerró entonces los ojos y se concentró en la música. Había disfrutado Woostock solo en el cine, pero igual... ¡como lo había disfrutado!. Que explosión de libertad fue ese concierto, en plena lucha contra la guerra de Vietnam y el militarismo asesino, las consignas de amor libre, el pandemonium de las drogas, el reino de las flores, el "no hagan la guerra, hagan el amor", los hippies... La radio comenzó una tanda publicitaria y escuchó incrédulo que se podía comprar un Volkswagen sedan 1600cc
del año cero kilómetro por solo 21350 pesos moneda nacional... que Richmond era el cigarrillo de tabaco rubio americano numero uno en preferencia por calidad y sabor... que una televisión Philips blanco y negro de 23 pulgadas la ofrecían como oferta a 2400 pesos en el London Paris... ya era demasiado, seguramente algo le cayó mal, le estaría por dar algo, al fin de cuentas cincuenta y tres años son muchos años y uno nunca sabe. Se puso nervioso.


Le faltaba el aire, y en búsqueda de oxígeno miro hacia atrás calculando cuanta gente tenia por delante para llegar a la puerta del medio del colectivo y allí noto que este ómnibus no tenia puerta al medio... Él juraba que si, pero no. Veía sin entender que en la parte de atrás el vehículo tenia una plataforma. Confundido miró atentamente todo lo que le rodeaba y vio que las ropas de los pasajeros no eran actuales, que un adolescente junto a él tenia unos pantalones Oxford exageradamente grandes en su parte inferior y el moreno sentado enfrente lucía orgulloso un impresionante look afro. La radio en ese momento terminaba de emitir "Píntalo de Negro" por los Rolings y Miriam Makiba comenzaba con el recordado: "...asiiiii pata pata, ecum-cum-cum-cum- cum-mel..., asiiii pata pata...".

Buscó con desesperación lugares conocidos a través de la ventana y al cruzar una calle vio un Policía dirigiendo el tránsito desde el medio de las calles subido en una pequeña tarima de madera, en las esquinas no habían semáforos. Y ahora el conductor estaba oculto en su pequeña cabina al frete a la izquierda del transporte. Parecía un viejo ACLO de la década de los 40s.

Al pasar entre dos edificios altos el juego de las sombras y la luz interior le permitieron ver borrosamente su cara en el vidrio. Esto lo dejó mas nervioso aun... ¡no tenía canas!. Al borde del ataque de nervios observó que una mujer tres filas de asientos mas adelante se arreglaba el rouge de sus labios con un pequeño espejito rectangular. Le pidió disculpas al mismo tiempo que tomándola de la muñeca doblaba el pequeño espejo hacia su cara. ¡Era él, pero.. pero... pero era su cara de veinteañero, su cara juvenil, esa que se le había perdido treinta años atrás... no entendía lo que le pasaba... esquivó el bolso de la señora que se defendía como una leona furiosa luego del ataque y logró calmarla pidiéndole repetidamente disculpas y convenciéndola de que se sentía mareado, con miedo de tener hepatitis, por eso la impetuosidad de verse la cara en el espejo. Logro calmarla al fin. A nadie podía decir la realidad porque lo internarían por demente. Se dijo a si mismo: "Debo estar soñando" y se dio un pellizcón que le hizo putear sonoramente. No, no soñaba... pero entonces... ¿era un sueño lo que creyó realidad?... ¿se habría dormido?... ¿no estaba casado y con hijas?, ¿no era Jefe de Contadores en ese Banco Oficial?... y su señora... ¿dónde estaba su señora?. ¿Había sido un sueño? ¡Pero que real, que real había sido!!.

Se levantó aturdido y fue hacia atrás para bajar. Otro pasajero le gritó que dejaba la guitarra...¿una guitarra?. Miró hacia el asiento y alli estaba, la vieja Gibson negra en su forro bordó. ¡Casi la deja, que abombado!, si la perdía se mataba. ¿Que hora sería? Miró su muñeca y el hermoso Orient semiautomático de agujas le indico las 8 y media de la noche. Se le estaba haciendo tarde, el ensayo en lo de Eduardo empezaba dentro de poco. Tomado del pasamanos se agachó y miró hacia fuera. Estaban llegando a la Avenida Agraciada, tenía que bajarse en la próxima.

Aún le parecía mentira haber tenido un sueño tan impactante. Y pensar que le parecía verdad que tenia cuatro hijas, todas mujeres... ¡y su señora, con que claridad veía su cara.! Y también mantenía la angustia de la muerte de su madre en el sueño y los viejos de la familia que no estaban, y él los extrañaba, y eso le producía una nostalgia profunda... ¡Lo que son los sueños!, pensaba, ¡que mezcla de alegrías, angustias, risas y tristeza! ¡Menos mal que había sido solo un sueño!. Chistó al guarda y este tiró de la cuerda avisando al conductor. Sonó la campanita.

Él no espero a que el transporte se detuviera, se colgó de los estribos de la plataforma y columpiándose en sentido inverso al de la aceleración quedó prácticamente parado al caer en la vereda. Mientras caminaba para el ensayo, notó que ese día tenía ganas de que este fuera rápido, y terminara pronto – desconociéndose, porque él siempre disfrutaba tanto de la música que casi siempre amanecían tocando y cuando volvía a la casa su madre ya se había ido a trabajar.

Pero ese día quería llegar temprano a ver la vieja, no sabia por que motivo, pero le habían asaltado unas ganas tremendas de verla ese día, antes que se fuera al laburo. Quería abrazarla, besarla, y después sacar a hacer el paseo nocturno a Rayito, ese querido cuzco bola de pelos que lo espera paciente para hacer sus meaditos en todos los árboles, arbustos, esquinas, ruedas de autos y piernas que tuvieran un ligero olor a algún hermano de la especia. Y a él normalmente le rompía las pelotas tener que salir con el bichito de noche, pero esta noche especial, por algún motivo que no entendía, esta noche estaba deseado recorrer su rutina familiar, recorrerla detalladamente, disfrutar cada repetido detalle, todos y cada uno de los detalles, disfrutar cada olor conocido, cada rincón, todos despacito y a conciencia. Seguía sin entender por que era que se sentía así, pero hoy el hastío se labia perdido en algún sitio y deseaba literalmente devorar esa su rutina de todos los días...


La ascensión de Carolinio Nervión (Con las disculpas del caso a Bertold Brech ante cualquier posible similitud).

La mujer lo tenia harto.
"¡Están llenos de piojos, llenos de liéndres!, ¿qué voy a hacer, Carolinio?, ¡llenítos de liendres, Carolinio!"
Era de lo único que se hablaba en la casa de Nervión, y realmente estaba aburrido.

No era tanto los piojos, sino el revuelo.

Además él tenia claro que ni el queroseno, ni la tinta del pelo, ni los remedios habían podido contra los piojos.
Aguantaba los permanentes gritos de la mujer, los penetrantes llantos de los botijas, los curaba, pero en dos o tres días todo volvía a empezar. Y así venia la cosa desde hacia tiempo.
Hastiado, decidió profundizar en el tema. Fue a la escuela, discutió con la maestra, con el director, con los demás padres, y descubrió que nada lograba controlar los piojos. Tenia que encontrar una solución.
Alguien tenia que encontrarla.
Entonces, hombre decidido a encarar los problemas en forma drástica pero a la vez a su modo razonada, resolvió declarar el estado de guerra interna a los piojos en su casa. Y se lo declaro nomás.

"Medidas prontas de seguridad familiar", dijo.

Fue algo personal: o ellos (los piojos) o él (Carolinio), y como toda guerra necesita pertrechos, decidió juntar varios litros de queroseno, remedio especial en las farmacias, tinta de pelo, aguarrás. liquido matamoscas y jabón de lavar, mucho jabón del que tiene soda, del bueno.

No podrían entrar a la casa asi como asi, por lo que dio ordenes internas, que llamo Comunicados.
COMUNICADO 1: (Para el día)
El que fuese a ingresar al domicilio debía:
a) detenerse en la parte externa de este,
b) dejar en el suelo las pertenencias y
c) agachar la cabeza hacia el que le recibía.
d) el "recibidor" debía proceder a examinar, meticulosamente el cuero cabelludo, antes de dar el visto bueno y permitir el ingreso.

En realidad solo en los primeros fue a ojo, porque la ruptura de las líneas de defensa por dos o tres piojos quintacolumnistas le hicieron dar nuevas ordenes: La d) cambió de "examinar" a: "revisión con lupa", y
se anexó la e): al menos tres pasadas de peine entrefino para descartar liendres y bichos encubiertos.
COMUNICADO 2: (Para la noche)
a) detenerse en la puerta,
b) esperar a que fuesen prendidas todas las luces externas de la casa,
c) continuar con las mismas rutinas que de día.

De encontrarse bichos se procedía según el

COMUNICADO 3: (Positividad de parásitos)
a) entrar por el jardín hacia el galponcito del fondo,
b) dejar allí al sujeto en cuestión para una especie de
cuarentena rápida, aplicando inmediatamente el

COMUNICADO 4: (Sobre los tratamientos básicos)
a) limpieza a fondo con queroseno,
b) limpieza con abundante agua para evitar intoxicación del portador,
c) limpieza persistente con el producto químico de
farmacia, dejando media hora hacer efecto,
d) lavar con abundante agua el cuero cabelludo,
c) nueva revisión con lupa y
e) triple pasada de peine entrefino.

Si se encontraba otro bichito o una liendre se repetían los pasos otra vez. Cuando todo daba negativo, se podía reintegrar a la vida normal.

Y esto fue desde el principio para los botijas, luego para los botijas y la mujer, luego para los botijas, la mujer, los amigos de los botijas, los amigos de la mujer, los vecinos, los parientes y por supuesto para los vendedores, proveedores, etc. cumpliendose entonces en todo el asentamiento. Medidas muy drásticas pero que dieron sus frutos.

Al poco tiempo fueron los únicos del vecindario que no tenían piojos, lo raleado de los pelos de todos los integrantes de la familia de Carolinio mostraban lo radical del método.

Pero efectivo.
Algunas madres les contaron a sus esposos, estos a sus amigos y al cabo de un tiempo fueron a lo de Nervión a pedir consejo y enseñanzas.

Todo el barrio siguió las ordenanzas de Carolinio y pese al asombro de los peluqueros al quedarse con manojos de pelos de los vecinos al peinarlos, la realidad era que entre un barrio de pelados y la invasión de piojos, preferían los pelados.

Al terminar las clases, continuó la batalla y durante las vacaciones, variaciones de las Ordenanzas se tomaron en los domicilios particulares, clubes deportivos y sociales.

El nombre de Carolinio Nervión se convirtió en sinónimo de lucha implacable contra invasores solapados, con victoria segura y estos antecedentes hicieron que poco tiempo después un nuevo desafío llamase a Nervión a la acción.

Carolinio no paso de tercero de escuela. Trabajó desde muy pequeño por necesidad, sufrió muchas carencias no solamente económicas. Supo ser picapedrero, peón rural, mozo de boliche, entre otros oficios, sus luces no eran muchas, pero había aprendido de su padre – semianalfabeto y muy, muy bruto - a ser drástico, y considerar su lógica infalible. Su progenitor, cuando tenían una discusión le daba golpes hasta dejarlo medio desmayado. Solo allí paraba. En esa época Carolinio lo odiaba. Años después, lo recordaba con respeto.
"Él me enseñó a ser como soy", pensaba.
"Él me dio la seguridad del método", decía.

Resultado de los inmensos basurales generados por los seleccionadores de basura - que este era el oficio de la mayoría de los habitantes del barrio - las ratas se habían reproducido en cantidades asombrosas y tenían un tamaño espectacular. Hermosas ratas. Peligrosas ratas. Ni los gatos mas fornidos podían con ellas.

Una noche mordieron un bebé en su cuna.
La indignación fue general.

Una cosa trajo la otra y en el boliche hicieron el paralelismo entre piojos y ratas, y fueron a buscar a Carolinio.

Este lo tomo nuevamente como algo personal.
Organizo al barrio por calles.
Para cada cuadra un Jefe, para cada manzana otro Jefe.
Todos los jefes de cuadra respondían a su Jefe de Manzana y estos a dos Jefes Zonales, el de "acá" y el de "aya", según la orilla en que se encontraran, del arroyo de turbias aguas que dividía el barrio.
Estos dos jefes directamente a Carolinio, con quien formaban el
Comando Mayor.

Hicieron trampas, consiguieron gasolina, queroseno, los que pudieron aportaron matagatos o escopetas, por supuesto veneno para ratas de todo tipo, donado por los almaceneros, llamados a colaborar con esta acción cívica.

Los dueños de una barraca de granos cercana también hicieron su aporte patriótico y desinteresado. (En realidad semi-desinteresado porque realmente eran grandes los estragos que sufrían por las ratas, y las empresas exterminadoras de plagas eran mucho mas caras que las donaciones efectuadas.)
Se hicieron brigadas voluntarias, todos aportaron su trabajo.

A proposición de otro vecino - proposición puesta previamente a la valoración de Carolinio y aprobada por este - se hizo un mapa grosero del barrio, que constaba del arroyo, las manzanas a sus lados y puntos rojos que indicaban los principales los túneles de las ratas.

El plan de ataque fue concienzudamente elaborado.
1) Veneno abundante en todas las bocas de túneles.
2) Valoración de resultados al día siguiente.
Junta en casa del almacenero para evaluar estadísticas de la acción y nuevo plan a seguir.

Resultados: Se contabilizaron 203 ratas adultas de variados tamaños muertas, 154 lauchitas o ratones menores o pichones de ratas muertos, 54 ratas adultas en agonía que fueron rematadas en el sitio, y como colaterales -ya que la acción no fue lo "quirúrgica" que se requería - amanecieron 35 gatos de los vecinos muertos y l4 en agonía que fueron despenados en el lugar, así como también 27 perros de diversos tamaños muertos o casi, también despenados.

Como colateral lamentable 3 niños preescolares y un escolar fueron intoxicados por el veneno y se derivaron al Hospital de Niños de la Ciudad.

Pese a todo, el balance fue positivo.

Los padres de los niños intoxicados concurrieron a la reunión y trasmitieron que estaban fuera de peligro y que pese al riesgo, aplaudían la medida, ya que el balance costo-beneficio era satisfactorio.

Se efectuó un gran asado y más de 50 litros del mejor tinto (almacén mediante), mas un cajón de whisky brasilero (barraqueros mediante), fue a parar a los alegres estómagos de los fraternos y unidos vecinos del barrio.

Una orden básica dada en la madrugada desde el Cuartel General de Carolinio indicaba en lo sustancial: "...que se juntara (sic) a los vecinos que en total estado de embriaguez se encontrasen tirados en los basurales cercanos o en el propio barrio, procediendo a llevarlos a sus domicilios establecidos".

Sabiamente la medida se fue postergando porque casi todos estaban en similar situación etílica y no había quien la pudiese cumplir. Nervion no supo nada porque se despertó a la tarde del día siguiente.

Lamentablemente sucedió una desgracia. Uno de los más consuetudinarios bebedores del barrio cayo en el arroyo luego del festejo. Amaneció frío, duro y mojado. La lucha tenia su primer mártir.

Esto, sumado a que pese a todo lo efectuado se volvieron a ver ratas vivas a la semana, decidió a Carolinio y su Estado Mayor a tomar medidas más drásticas, sumando a la reposición de los venenos, el derramar un tonel de 220 litros de gasolina en las bocas de los túneles. (El tonel habia sido sustraido por un "comando" de recolectores de los fondos de la destileria estatal de petroleo, muy cercana al asentamiento).

Luego se encargo al Tarta, hermano del dueño del ranchito más próximo al arroyo, a que tirara un fósforo en el lugar. (Dicen que esta fue una orden dada por el propio Carolinio, al parecer como venganza de viejas rencillas por faldas con el muchacho.)

Todos sospechaban cierta intencionalidad en el envío del Tarta a la vanguardia, nadie profundizaba en la cuestión, porque la calidad de líder del proceso de Carolinio Nervión no estaba en duda. (Además enemistarse con él podría generar ir uno mismo a la vanguardia en otra oportunidad).
El Tarta pese a que putió sonoramente cuando supo su misión, ante la mirada de dos "amigas" ocasionales, cedió a su machismo y dio su resuelto y sonoro: "¡S-s-s-si s-s-s-señor!".

Cumplió con valentía las órdenes. Sin dudar ni un momento se instaló al borde de la entrada mayor de los túneles, elegido entre las decenas de huecos previa deliberación de los Jefes de Cuadra y Manzana, los Zonales con sus militantes, junto con el propio Carolinio. Fue decisión unánime y altamente democrática, esa era la boca de túnel en que se debía iniciar el ataque.

Tensaba las fibras más patrióticas ver la movilización total del barrio, en especial al Tarta parado con el fosforito en la mano, frente al túnel previamente rellenado hasta la saciedad con gasolina por las Brigadas Móviles Barriales.
Firme en su sitio esperaba la orden que provendría del Comando de Campaña, que con Carolinio Nervion a la cabeza lo miraba desde una de las montañas más altas de basura. (Zona de coordinación y vigilancia, sabiamente alejada unos ciento cincuenta metros de la zona de acción.)

Previamente un operativo conjunto de los integrantes del barrio con el apoyo de voluntarios de los barrios vecinos había retirado de los ranchitos de lata más cercanos a los afligidos habitantes que patrióticamente cumplían a cabalidad las órdenes emanadas del Comando Central.

Las indicaciones del Supremo Comando General eran simples:
1) Prender el fósforo cuando le fuera indicado.
2) Depositarlo a la entrada de la cueva.
3) Rajar.

La idea era generar un incendio que acabara de una vez por todas con las desagradables ratas sobrevivientes.
El olor a mugre y basura en descomposición, clásicos de la vecindad se mezclaba con la pestilente pero familiar mezcla de olor a supergás de la refinería próxima y gas metano que aportaban las aguas podridas del arroyo divisor del predio invadido, lo nuevo era ver naciendo del piso como una marea incontenible, una especie de neblina, que les acercaba un olor cada vez mas acentuado a gasolina a los integrantes del Comando de Acción.
Estos a su vez estaban alejados del Comando Ejecutivo liderado por Nervion.

Uno de los integrantes del Comando de Acción se dio cuenta de lo que podía pasar, en el ultimo segundo, cuando comprobó que el olor a gasolina era muy fuerte y la neblina ya no dejaba ver los pies del Tarta. Intentó avisar al Comandante pero cuando se dio vuelta, solo alcanzo a ver la mano de este que bajaba, en señal de acción.

El Tarta prendió el fósforo pero no alcanzó a tirarlo porque la brutal explosión hizo desaparecer medio barrio y una impresionante llamarada dejo chamuscados a casi la totalidad de los vecinos.



Del Tarta encontraron solo las alpargatas humeantes cerca del hueco que quedo en la orilla del arroyo. Horas después, casualmente, una vecina que buscaba restos de su casilla, lo vio tirado entre los juncos, a 30 metros del lugar de los hechos. Milagrosamente estaba vivo. Totalmente chamuscado, semidesnudo y con quemaduras menores. Pero vivo.

Automáticamente se convirtió en otro héroe del barrio, y quedo curado. (En realidad se dieron cuenta de la cura un año después, porque durante doce meses quedo mudo de la impresión, pero al cumplirse un año de los acontecimientos se efectuaron grandes festejos con abundantes libaciones espirituosas. Unos pibes hicieron explotar una bomba brasilera junto al Tarta y del susto, pese a estar como siempre muy alcoholizado, comenzó a hablar nuevamente y sin tartamudear. Una impresión curó a la otra, decían los vecinos.)

Pero la jornada de la explosión fue histórica.
Del otro lado de la bahía, los habitantes de las barriadas pobres en la ciudad vieja disfrutaron de una inusual muestra de luces que resplandecían en el horizonte despejado de una tarde casi noche, reflejándose en el agua del puerto. Pasarían años antes de que se olvidaran de la "Explosión de Carolinio Nervion", como se le dio en llamar desde ese momento.

El balance posterior efectuado por el Comando Mayor fue muy significativo:
Ratas: numero desconocido de bajas, por mucho tiempo no se encontraron en el barrio.
Gatos y perros: numero desconocido de bajas, la mayoría de los restos carbonizados no permitía saber de que bicho se trataba.
Mula: una baja. (Luego se supo que estaba pastando a pocos metros del Tarta cuando este inicio el incendio y concluyeron que era la mula porque no la encontraban y los restos carbonizados eran demasiado grandes para ser de perro.)
Quemaduras menores en dos caballos y una yegua.
Sordera mas o menos acentuada en la mayoría de los vecinos por bastantes horas. (Los integrantes del Comité se entendían solo por gestos enseguida de la explosión.)

Destrucción total de viviendas precarias: l4 viviendas con perdida absoluta de las pertenencias.
Destrucción parcial en 35 mas con perdidas menores de pertenencias.
Rotura total de vidrios de las ventanas del almacén y de la barraca de granos.

Se generó un profundo hueco de mas de l0 metros de diámetro que posteriormente el agua de lluvia llenó y bautizaron como "El pozo del Tarta", utilizándolo para dar agua a los animales, ya que quedaba mas cerca que el arroyo. Los pocos árboles del barrio se convirtieron en palos carbonizados y ningún arbusto quedo para muestra.

Carolinio Nervion no se rindió ante los hechos, por el contrario, generó nuevos movimientos entre los vecinos. Reacondicionaron los terrenos, colaboraron para generar nuevos ranchitos de lata en las mejores montañas de basura tomando en cuenta el sur, por las lluvias en invierno y la vista hacia los lugares mas agradables del arroyo, previendo los vientos que se habían hecho menos olorosos por la limpieza drástica generada por la explosión. Los arbustos crecerían solos nuevamente y de a poco fueron replantando eucaliptos que uno de los mas destacados vecinos robaba de un vivero municipal cercano, los restos de basura se apagaron a las dos semanas y al año, cuando el Tarta recupero la voz, todo estaba parecido al principio.

De inicio muchos pensaron en linchar a Carolinio junto con su Estado Mayor, pero predominó la idea que no se habían hecho las cosas con mala intención.

Por el contrario, Carolinio era ahora conocido como el Gran Conductor y su obra agrandada, como generalmente sucede.

Tanto fue su arraigo, que poco tiempo después llegaron representantes de uno de los más viejos partidos políticos del país, rápidamente instalaron agua y electricidad en los terrenos invadidos, tramitaron prestamos hipotecarios para que pudiesen adquirir las tierras con condiciones muy favorables y a él en especial le propusieron ingresar a sus filas, dadas sus cualidades naturales de mando y convocatoria.

La arenga de los acaudalados doctores fue muy amplia y entreverada para los oídos de Nervion que no entendió mucho lo que decían, pero lo que le quedo clarito que querían que entrara al Partido como candidato, que debía escuchar los consejos de los doctores durante su gestión, que el sueldo era muy bueno, con muchos beneficios y duraba cinco años.

Todo eso a él, que estaba desocupado.
Carolinio dio el sí.
Se candidateó.
Y ganó.

Ya en las cámaras le informaron que un grupo de subversivos querían arruinar el orden básico de la nacionalidad y que las raíces propias y naturales de la patria estaban en peligro. Los elementos antisociales llevarían a los niños a lugares lejanos para que perdiesen la Orientalidad y un muro dividiría la ciudad.

Carolinio no entendió demasiado, pero se enojó y no dudó.

Era hombre de acción.
Lo tomo como algo personal.

Nació en ese instante su frase más célebre:

"Ya lo hemos hecho, sabemos como hacerlo, y lo volveremos a hacer."



Aftosa, la solución final.


¡Aftosa!, ¡aftosa!, el grito desgarraba.

Don Nepomucemo opinó lentamente: "¡Pa qué tanta matazón!, ¡pongan a yervir la leche y esta pronto!, si tuita la vida tuvimo"astosa".

"Puede tener contagio y hay que erradicar", el comisario Olegario estaba consustanciado con la seguridad pública.


"Vea, si usté erradica, yo lo capo -contestó mansamente Crisaldo Fuentes en forma explícita llevándose la mano a la faca – a usté, digo, porque la Margarita es como de la familia y a usté no le gustaría que le mataran alguien de la familia, ¿o si?, Comesario, ¿usté no haya.?"


"¡Pero esto es un asunto de la salú pública, carajo!", la voz del comisario sonó dubitativa.

"¡Bafangulo!,¡salutte pública la putana che los a parito. Voglio asessinare a tutti lo bicho a cuesto passo! – dijo clarito y en forma por demás elocuente y sin complejos Filippo Perini, dejando aflorar su sangre italiana por línea directa – Ma si nunca tuvimos que matare nesuno animalito per cuesta merda de astosa en tuti cuesti ani que io me conozco vivo, e alora vienen con la salúte pública. ¿Ma cossa sucesse con quello pitucones? ¡ba fan gulo con los negocios con los gringos so!, ¿de donde tanto problema por la pureza de la raza?... si nunca abiamo importato una merda e adesso nos matan tutti le bichi en forma ladina para favorecere quello millonario... ¡

"Vea comesario, usté manda matar una sola de mis vacas y atengase a las consecuencias, ¿sabe?". Ernestino Gambeta era el menor de los Gambeta y el mas decidido. Afirmó los dichos arreglándose la entrepierna con la mano izquierda, sin sacar la derecha de la empuñadura del facón.

"Entonces tendrá que venir el ejército, porque son órdenes del Señor Presidente de la República" – dijo el Juez del pueblo, apoyando la medida de limpieza, engominado personaje concuño del dueño del frigorífico mas grande del departamento, metido en negocios prósperos con el mercado norteamericano y que se venían a pique con el brote aftósico y continuó: "Porque con la salud pública no se juega, vaya sabiendo", aunque esto último dicho con voz dubitativa y ahora con ciertas ganas de rajar.

"Déjelo que venga nomás, que pa esos también tenemos, si no nos cree pregúntele a los descendientes de los de 1904, va a ver que recuerdos tristes les vienen a la memoria". El viejo Juan Manuel Aristesauriaga, veterano de la guerra civil de principios de siglo, sonrió complacido en la silla de ruedas al escuchar a su nieto, el Omar Ramiro, que le había salido bueno de ley y malo como un salado. Después Omar pegó una pitada profunda al tabaco armado, sin bajar en ningún momento la bota del alambrado de la portera, demostrando ninguna intención de abrirla.


El comisario agachó los hombros, entreverado entre las órdenes y los amigos porque él sentía que estos tenían la razón en el fondo, pero órdenes son órdenes y rumbió para la comisaría a informarle al Juez. Todo el tiempo se acordaba de Crisaldo Fuentes y la sentencia: "yo lo capo", de la bronca descomunal del tano, el "atengase a las consecuencias" de Ernestino, la presencia de Omar Ramiro Aristesauriaga firme con la bota en el alambrado...

Después que el Juez se enteró de la situación y conociendo él también perfectamente a los vecinos, se miraron y ambos se dieron la autorización tácita. Informarían a la superioridad que la estancia de Crisaldo, los campos del Tano y lo del viejo veterano de las tropas de Saravia estaban fuera de toda posibilidad de contagio asi que alli no se actuaría.

Mientras trasmitían estos datos los dos se tocaban mansamente la entrepierna acomodándose el calzoncillo. Casi como acariciando a una mascota para tranquilizarla.


El escuadrón del rifle sanitario llegó con inusitada violencia a los pagos en los que se había detectado el brote aftósico y no había forma de ocultarlo. Lo habían confirmado los doctores en la ciudad.


El Comandante a cargo Aristóteles Onasis Perez García, era drástico. Tenia la seguridad de las ordenes presidenciales directas. Tenia todo el poder, todas las armas y todas las autorizaciones. En esa acción se sentía casi un Dios, y no seria infiel a sus superiores, las órdenes eran dadas para cumplirlas, se debía detener el contagio a toda costa.


Llegando a la zona del brote aftósico, vieron doscientas reses pastando en un poblado y la orden fue directa. Apuntaron con las ametralladoras de grueso calibre y en pocos segundos quedaron todas prontas para un asado con plomo.

Comenzaba la limpieza.

Con el barullo unos ñanduces salieron corriendo. La orden para el francotirador del comando fue inmediata. Uno a uno fueron cayendo. "Bicho vivo puede contagiar" había dicho el Comandante luego de los comentarios del Médico, que se refería a bicho vacuno vivo, pero el Señor Comandante fue mas amplio de criterios: "Entiéndanlo bien subalternos: ¡cualquier bicho vivo puede contagiar!".

Las protestas y la rebeldía de los vecinos fueron rápidamente aplastadas. Uno de los oficiales aconsejó dialogar con ellos, pero fue detenido por incitador de amotinamiento y traición y puesto preso de inmediato a la espera de juicio militar.

Todo lo solucionaron allanando las viviendas y trasladando a todos los subversivos en camiones para un gimnasio en el pueblo mas cercano – la abuela Clota puteaba desde sus 87 años cuando la subían al camión incluso con la silla en la que la encontaron sentada, sin soltar el mate y el termo - y a los mas revoltosos con una sesión de ablandamiento a base de cachiporras y culata de fusil los dejaron convencidos. (O por lo menos no decían nada).


Una a una fueron cayendo las vacas, toros, terneros, ovejas, chanchos, caballos, perros, gatos, tatuses, zorrillos, teros y cuanto bicho que se cruzara en el camino de las fuerzas del orden y la seguridad publica en las campos de los campesinos.

"Bicho vivo, contagia" – el Comandante era inflexible, expeditivo y dogmático - Una voz repetia en su cabeza: "¡Las órdenes son para cumplirlas!".


Satisfechos de los resultados comenzaron a retirarse, cuando un sargento vio varias ratas saliendo despavoridas de un granero e informo inmediatamente a la superioridad.

Este a su superior y así hasta llegar a oídas de Aristóteles que sin dudar ni un instante – el futuro de la Patria estaba en juego - determinó dinamitar todas las casas en el perímetro condenado.

Dos días después todas las casas estaban destruidas así como los pocos bichos domésticos, que habían sobrevivido a la primera arremetida, y para mas seguridad descargaron veinte tanques de 220 litros con desinfectante en las ruinas.

Cuando estaba a punto de hacer la llamada al comando pasó un águila de bañado volando con un ratón silvestre en sus garras y se perdió en la espesura del monte natural a las orillas del arroyo.


Podía trasmitir la enfermedad comiendo bichos enfermos.

Pasaron todo el día siguiente quemando los bosques naturales, los pinares y eucaliptales de la zona en cuarentena. Política de tierra arrasada, hasta el pasto fue concienzudamente quemado y algunas bichos de costumbres nocturnas, ultimadas por francotiradores con lentes especiales de visión en la oscuridad.
Con su trabajo seguramente merecerían una medalla al mérito.

Ahora si, misión cumplida.

Comenzó a discar al comando cuando vio que una nutria se metía en la laguna nadando desesperada. Era demasiado. Llamo al comando aéreo porque como Jefe a cargo no podía permitirse ninguna posibilidad de equivocación en las órdenes. El Presidente en su discurso pronunciado en el Cuartel había sido enfático. "La Patria se juega la vida con el problema este de la aftosa".


Y él era patriota.

Bombardearon con NAPALM todos los arroyos, cañadas y lagunas del área de cuarentena y tiraron tóxicos donados por los camaradas de EEUU sobrantes de la guerra de Vietnam a todas las corrientes de agua de la zona.

Mirando con satisfacción la humareda que se elevaba de las aproximadamente quinientas hectáreas arrasadas, suspiró con satisfacción:
¡Ahora si, misión cumplida!.


Volvió contento al pueblo, pensaba dar cuenta a la superioridad del deber cumplido y dejar libres a los subversivos que intentaron no permitir que cumpliese sus órdenes. ¿Aftosa? Acá nunca mas aftosa.


"¿Si no se nada de la vacuna?, no, ¿que viene siendo eso, mi General?.


La pregunta fue hecha en el cuartel, una semana después, antes que lo dieran de baja de las FFAA.