martes, febrero 20, 2007

Versión contemporánea de "El niño y la copa" de Rodo


Mirando jugar un niño
Extraído del libro "Motivos de Proteo" de José E. Rodó.
Nota del autor: la primera versión es la original así como su comentario.


(...) Y ahora he de referirte cómo vi jugar, no ha muchas tardes, a un niño, y cómo de su juego vi que fluía una enseñanza parabólica.

Mirando jugar a un niño.

...A menudo se oculta un sentido sublime en un juego de niño.
(SCHILLER. Thecla. Voz de un espíritu).

Jugaba el niño, en el jardín de la casa, con una copa de cristal que, en el límpido ambiente de la tarde, un rayo de sol tornasolaba como un prisma. Manteniéndola, no muy firme, en una mano, traía en la otra un junco con el que golpeaba acompasadamente en la copa. Después de cada toque, inclinando la graciosa cabeza, quedaba atento, mientras las ondas sonoras, como nacidas de vibrante trino de pájaro, se desprendían del herido cristal y agonizaban suavemente en los aires. Prolongó así su improvisada música hasta que, en un arranque de volubilidad, cambió el motivo de su juego: se inclinó a tierra, recogió en el hueco de ambas manos la arena limpia del sendero, y la fue vertiendo en la copa hasta llenarla. Terminada esta obra, alisó, por primor, la arena desigual de los bordes. No pasó mucho tiempo sin que quisiera volver a arrancar al cristal, su fresca resonancia; pero el cristal, enmudecido, como si hubiera emigrado un alma de su diáfano seno, no respondía más que con un ruido de seca percusión al golpe del junco. El artista tuvo un gesto de enojo para el fracaso de su lira. Hubo de verter una lágrima, mas la dejó en suspenso. Miró, como indeciso, a su alrededor; sus ojos húmedos se detuvieron en una flor muy blanca y pomposa, que a la orilla de un cantero cercano, meciéndose en la rama que más se adelantaba, parecía rehuir la compañía de las hojas, en espera de una mano atrevida. El niño se dirigió, sonriendo, a la flor; pugnó por alcanzar hasta ella; y aprisionándola, con la complicidad del viento que hizo abatirse por un instante la rama, cuando la hubo hecho suya la colocó graciosamente en la copa de cristal, vuelta en ufano búcaro, asegurando el tallo endeble merced a la misma arena que había sofocado el alma musical de la copa. Orgulloso de su desquite, levantó, cuan alto pudo, la flor entronizada, y la paseó, como en triunfo, por entre la muchedumbre de las flores.

Sentido de esta parábola.

-¡Sabia, candorosa filosofía! -pensé. Del fracaso cruel no recibe desaliento que dure, ni se obstina en volver al goce que perdió; sino que de las mismas condiciones que determinaron el fracaso, toma la ocasión de nuevo juego, de nueva idealidad, de nueva belleza... ¿No hay aquí un polo de sabiduría para la acción? ¡Ah, si en el transcurso de la vida todos imitáramos al niño! ¡Si ante los límites que pone sucesivamente la fatalidad a nuestros propósitos, nuestras esperanzas y nuestros sueños, hiciéramos todos como él!... El ejemplo del niño dice que no debemos empeñarnos en arrancar sonidos de la copa con que nos embelesamos un día, si la naturaleza de las cosas quiere que enmudezca. Y dice luego que es necesario buscar, en derredor de donde entonces estemos, una reparadora flor; una flor que poner sobre la arena por quien el cristal se tornó mudo... No rompamos torpemente la copa contra las piedras del camino, sólo porque haya dejado de sonar. Tal vez la flor reparadora existe. Tal vez está allí cerca... Esto declara la parábola del niño; y toda filosofía viril, viril por el espíritu que la anime, confirmará su enseñanza fecunda.
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Hasta aqui Rodó, ahora vengo yo. (Realmente le pido disculpas Don José Enrique.)
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Versión libre aggiornada.

Mirando jugar a un niño marginal.

(...) este pueblo no soporta un solo impuesto mas a sus menguados ingresos.
(Jorge Battle, año 2000, uno de sus tantos discursos alegres.)


Jugaba el niño con una lata vacía de cerveza en el predio comunitario del asentamiento, donde los hurgadores juntaban la basura que no servia para reciclar. El humo de las permanentes fogatas de desperdicios casi no permitía una correcta visión de su propia mano y la luz apenas lograba atravesar la niebla proveniente del cercano arroyo de aguas muertas. Mantenía la lata firme porque el barro la hacía resbalosa y en la otra portaba un pedazo de caño de luz, viejo y herrumbrado, con el que le pegaba nerviosamente volcando en ella sus conflictos, sus angustias. Después de cada golpe inclinaba la cabecita de largos y sucios cabellos acercándose a la lata, para ver con satisfacción los abollones que le producía con su apaleo, mientras la iba destruyendo disfrutando el ruido seco y sordo que cada golpe producía.
Por algunos momentos sentado en lo mas alto de la montaña de basura se conformó con eso y de pronto, en un cambio de carácter, rascando con sus uñitas el suelo, juntó una montaña de bosta seca del caballo que tiraba del carro de su padre, e intentó llenar la lata, lográndolo en parte porque el hueco era muy pequeño. El artista, enojado, volvió a pegarle pero la lata ya no se abollaba como antes por mas fuerza que aplicara, manteniendo su ruido seco y sin sustancia. Esto le colmó la paciencia y lejos de dejar caer una lágrima por semejante pequeñez, se levantó y le dio un violento golpe con el caño al perro sarnoso y grasiento que tenía mas cerca, de los quince que siempre lo acompañaban en el juntadero de basura. Miro indeciso a su alrededor con ojos indignados, hasta que vio una caja de cartón blanco que resaltaba entre la montaña de cartones del vecino que vive a la orilla del arroyo. La caja parecía no querer estar allí, parecía esperar que alguien la robara, meciéndose al compás de uno de los perros que rascaba sus pulgas cerca de ella. El niño, sonriendo maliciosamente, se acercó sigiloso a la caja para llevársela, con la complicidad del perro que al verlo venir, salió aullando despavorido. Cuando la tuvo en su casilla, puso adentro la lata con la bosta y volvió a pegarle con el caño al paquete logrando ahora si abollarlo perfectamente. Orgulloso de su desquite, llevó el bulto a las patadas por entre todas las montañas de basura como un triunfo, hasta que de un golpe certero la mando al medio del arroyo observando victorioso como se alejaba flotando antes de hundirse.

Sentido de esta parábola libre y aggiornada.

Incluso en medio de un entorno infrahumano puede el niño jugar con lo que tiene – al fin y al cabo es niño – y reencauzar así sus carencias no solamente económicas sino familiares y sentimentales, buscando formas alternativas para reducir su ira. El mensaje de la sociedad en la que vive es que esta miseria es su realidad y su destino, intuyendo ya quizás, que su futuro no será muy diferente y que esta preso en esta realidad, por lo que debe adaptarse o muere. Alguna vez ha escuchado decir: "Esperanza" a sus mayores, pero es una palabra cuyo significado no comprende.

Nota del autor: Los que desde siempre mandan no hacen otra cosa que administrar pobreza, mantener alejada de si mismos la miseria y dejar que se ahonde la brecha de las clases, al parecer creyendo que esta inmensa bomba de tiempo rellena de injusticia, jamás explotará. Me queda el consuelo de que, si tenemos un poco de suerte, cuando explote, también a ellos se los lleve... y por fin, no puedo dejar de pensar lo diferente que fue aquel Uruguay en el que vivió el Maestro, a este que nos legaron los que nos precedieron.

Servicio especializado,
atención personalizada

Como todos los días, puntualmente llegó al trabajo, fue a su ropero personal, dejó allí la ropa de calle y se vistió pausadamente con el uniforme, prestando atención a cada detalle con una rutina casi ceremonial. El impecable uniforme azul oscuro con ribetes negros, sin manchas, sin arrugas, sin pelusas siquiera, le quedaba perfecto. Había sido confeccionado a medida por un sastre que sabía bien lo que hacía.
Se miró al espejo, retrocedió unos pasos, corrigió un pequeño desajuste del nudo de la corbata, alisó con movimiento mecánico las solapas, volvió a acercarse al espejo, paso su lengua por los dientes, los miró de cerca, se quitó un molesto punto negro de la barbilla, volvió a retirarse, se miró del lado derecho, luego del izquierdo, centró su gorra de tipo militar y finalmente con un golpe suave y seco de sus palmas se autoaprobó. Impecable, fue a atender sus asuntos.
La camioneta respondió inmediatamente al contacto luego que en el tablero el rulito encendido indicaba que los calentadores habían hecho su trabajo. El motor diesel de ocho cilindros quedó ronroneando. Lo dejaría calentar unos diez minutos como siempre. Mientras esperaba se bajó y comenzó a rodearla mirándola inquisidoramente. No notó defectos, no habían rayones en la pintura, había sido perfectamente encerada. Una pequeña mancha de condensación en el parabrisas generada por el calor del motor desapareció cuando con un pañuelo la limpió enérgicamente. Golpeó con una martillo de madera las llantas. No vio manchas de aceite en el piso. Quedó satisfecho.
El encargado trajo los papeles del turno con la dirección para el inicio del trabajo y subió a su lado. Con un movimiento suave de sus manos y el pulgar hacia arriba saludaron al portero que les abrió la gran puerta metálica del galpón y sin apuro promediando 80 k.p.h. por una carretera casi vacía a esa hora de la noche, fueron a su destino.
El turno nocturno no era de su mayor agrado, pero estaba empleado para cumplir no para estar pidiendo favores, asi, llegaron a la calle, con la linterna de 100 varios buscó la numeración... sería la próxima casa... no... ¿la otra?... si, esa era. Estacionó frente a la residencia, recogieron todo lo necesario de la parte de atrás del furgón, se acercaron a la puerta.
Allí tenían una cita, la muerte los esperaba.
Les abrió una señora pálida, de ojos enrojecidos, dentro de la casa había bastante movimiento y muchas personas dialogaban en los cuartos, ellos entraron en un dormitorio y apoyaron el cajón en el piso. Dos mujeres jóvenes y un señor de mediana edad consolaban a una señora mayor junto a la cama y entre lagrimas y sollozos acariciaban tiernamente la cara del cadáver color ocre que reposaba en su cama. Solcitaron que los dejaran solos para cumplir su trabajo. Pacientemente esperaron a que salieran, luego cerraron la puerta y se miraron.
Como siempre, como cada día con cada "paciente" fueron uno a los pies, otro a la cabeza. Abrieron el cajón, dejaron la tapa a un lado, se aseguraron que nadie los viera en ese instante y con un movimiento rápido sin ninguna consideración especiál levantaron por la cabeza y los pies al finado, que con el rigor mortis parecía una tabla, luego lo dejaron caer dentro de la caja de madera. Hizo un ruido seco. Colocaron la tapa y provisoriamente la cerraron con dos o tres tornillos. Volvieron a la camioneta, cargaron todo en la parte trasera del furgón y volvieron a la empresa.
Comenzaron rutinariamente a preparar el cadáver. Quitaron la ropa, pusieron el sudario y lo acomodaron dentro del cajón definitivo. Como el finado había sido muy grande y apenas entraba en la caja, le tuvieron que dar un golpe seco en cada rodilla para trabárselas y evitarse molestias. Ya instalado que fue, vieron que el pelo se le estaba callendo de lado. Notaron que se trataba de una pequeña peluca, una parruqueta de buena calidad. La arrancaron entonces de un tirón y en la muerta bocha pelada pusieron una buena cantidad de cola de carpintero, esperaron que secara un poco, la pegaron y acomodaron el peinado. La boca quería abrirse por lo que pegaron los labios con pegamento simple y luego, empujando las comisuras dibujaron una sonrisa falsa. Dieron un poco de color a las mejillas pálidas. Volvieron a mirar su obra... faltaba algún detalle. El ojo derecho estaba semiabierto, por lo que con dos gotas de pegamento lo dejaron bien cerrado, pacientemente afeitaron la incipiente barba y retocaron el bigote. Volvieron a mirar de un poco mas lejos. Corrigieron un par de arrugas aquí, otras allá... ahora si, los dos quedaron satisfechos. Tarea cumplida. El de uniforme le dio una palmadita suave en la frente al cadáver y dijo en voz alta: “Tas listo hermano, como nuevo, no nos diste mucho trabajo” y mirando a su compañero de tareas consultó: “¿Nos quedó lindo, no?, el otro asintió entusiasmado con la mirada fija en el muerto, la experiencia les daba esa calidad de trabajo. Dejaron el cajón pronto sobre un carrito de ruedas, a la espera que otros operarios lo hicieran rodar al salón velatorio.
Al salir se cruzaron con la viuda que lloraba desconsoladamente. Los familiares comenzaban a llegar con sus vestimentas oscuras acorde a la ocasión. Con gran solemnidad el primero llevó su mano a la gorra y la levantó frente a la señora en señal de respeto, mientras el compañero decía seriamente a cada doliente el clásico “ Lo acompaño en su dolor”. Con pasos lentos salieron del salón velatorio.
Antes de separarse el uniformado le dijo a su compañero de taréas: “Terminá hoy el papeleo vos, haceme esa piernada, que tengo que llevar temprano a casa. Les prometí a nos nenes llevarlos a un cumpleaños ahora en la mañanita, ¿podés?, gracias loco.” Con larutina, el turno de la noche ya había pasado. Otra jornada cumplida.
Se quitó el uniforme con cuidado y lo guardó prolijamente en su ropero personal. Estaba rendido, pero una buena ducha de agua caliente lo dejaría como nuevo. Ya seco, vistió la ropa de calle y casi sin cansancio volvió caminando a su casa. De tarde dormiría una siesta, tenía tiempo, ahora a sacar los niños... él sabia separar el trabajo del amor.
Sonreía, sabía bien que allí, lo esperaba la vida.

Cuestión de sangre




El fin había sido antes. Lejos.

Él lo había traído con plena conciencia y allí estaba, frente al cadáver, sin sentir remordimientos, solo placer, un extraño placer.

Miró fijamente la herida roja, profunda, mortal. La primera. Así tenía que ser.

Con decisión hundió en la carne el cuchillo de acero toledano sin tener resistencia, su filo perfecto no lo permitía. Sintió como atravesaba los tejidos, los podía diferenciar uno por uno y su mano quedó bañada en un liquido sanguinolento. Tuvo una sensación combinada de asco y gozo.

Como confirmando todo lo hecho, volvió a hundir la hoja ensangrentada. Los cortes ponían un límite, una confirmación: Esto ya estaba hecho, no había marcha atrás. Impasible, controló sus fuerzas, miró el reloj, se secó la transpiración y como recapacitando soltó ese cuerpo muerto que al caer quedó en una posición absurda. Sin ningún asco lo dio vuelta y se entretuvo morbosamente mirando los ojos muertos. Estaba asombrado de si mismo, porque él se sabía capaz, pero nunca hubiera creído que hacerlo le resultara tan natural.

Limpió varias veces la hoja y arregló simétricamente las sillas que había desordenado al entrar, ocultándose de los vecinos que en todo se meten. Se reconocía obsesivo.

Había dudado mucho – él siempre dudaba- la decisión fue difícil, pero no encontró otra opción, otra forma, otro camino. Eso si, ya decidido lo había planificado al detalle, hasta el mínimo detalle – tenía esas manías – y por fin con una sonrisa extraña recordó que casi había desistido de hacerlo porque se le cruzaron otros planes, pero después nada impidió que las cosas se fueran dando como el destino manda, hasta terminar así, de esa forma, allí. El destino por fin siempre decide.

Solitario - prefería estar solo - pensando, miraba el fuego que había hecho como adormecido. Se sirvió el cuarto whisky haciendo girar lentamente los hielos en su vaso. Todo en silencio, no quería que nadie participara, nada de testigos, sin críticas ni opiniones. Solo. Esta vez se enterarían cuando él lo decidiera – pensaba mientras avivaba la fogata- el fuego lo calmaba, lo transportaba, lo seducía - "El fuego purifica, limpia, renueva, el fuego es hermoso", pensó.

Bebió el último trago, tiró el cigarro a la hoguera y avivó las llamas. El olor a carne quemándose invadía en ambiente y una lluvia de chispas coronó el fuego. No le importó en absoluto. Todo terminaba. Listo. Fin. Ya. Hasta aquí.

Con el cuchillo firmemente apretado en su mano, chasqueando la lengua para disfrutar el último sabor del alcohol, avanzó decidido hacia el frente de la casa, donde estaban los otros. Ellos también tendrían lo suyo. Era tiempo de ellos. Era su tiempo.

Sin dudar abrió decidido la puerta y les gritó nervioso: “¡Muchachos, el lechón(*) esta a punto che!”

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(*) Lechón: en España "cochinillo".


El guardian del barco





Un infinito de agua por delante, un infinito de arena por detrás.

En el medio: “El Bonito” Pantaleón Mesa y los restos del Bomfin.

Cincuenta años encallado en la costa salitrosa de las playas oceánicas de Rocha, han convertido al inmenso carguero de 1930 en un esqueleto de bordes irregulares, con inmensas costillas de hierro oxidado elevándose hacia el cielo cual brazos en plegaria permanente.

Desde lejos parecen los restos de algún animal en la estepa africana luego de la acción de los depredadores, desde muy alto es solo un puntito marrón en la costa amarilla ornamentada por aguas verdes y espumas blancas.

Detrás del viejo naufragio, a pocos metros sobre las dunas costeras, el ranchito de tres por dos techo de chapa, paredes de madera reseca, puerta y una sola ventana hacia el norte. Su casa.

Las chapas hacen un volado que convierte el costado de la precaria vivienda en un pequeño porche. En él, Pantaleón matea tranquilo.

Madrugada de 1934, sudestada salvaje, pérdida de rumbo, el monstruo metálico herido de muerte escorando peligrosamente a babor, las órdenes desesperadas, el timón que no responde, la proximidad de la costa, la seguridad del desastre, el mar encrespado, botes flotando a la deriva, ahogados, el gigante moribundo encalla brutalmente en la playa, la desesperación, el terror, el fin.

Amanece con calma, el sol bosteza reconociendo los destrozos, el agua ha perdido su furia, la tormenta ha desaparecido.

La empresa confía en reflotar la nave, pero los estudios técnicos demorarán meses. Pese a que retiran todo lo fácilmente rescatable del navío, aún quedan muchos valores que se dificulta sacar y no sería procedente hacerlo si por fin la recuperan, entonces deciden esperar la opinión de los expertos.

Mientras esta llega, alguien debe cuidar el naufragio, y casualmente un vecino del lugar, de no mas de treinta años, cuyo nombre es Pantaleón Mesa, conocido como “El Bonito” por su fealdad realmente premiable, estaba desocupado por esos días.

La negociación fue simple. El contrato establecía que la Empresa Naviera Portuguesa de Cargas Internacionales (ENPCI), con sedes en las principales capitales europeas y americanas y un capital de giro de 2500 millones de dólares americanos por una parte y por la otra Pantaleón Mesa, de 32 años, ciudadano de la República Oriental del Uruguay, estado civil soltero, jornalero sin domicilio fijo, concordaban por este legajo que...etc. etc. (acá se refirieron al tiempo de contrato, – mientras lo necesitaran - al pago que recibiría, – migajas– derechos de la empresa, – casi todos - y deberes del peón, – listado larguísimo -) que prestaría funciones de sereno las 24 hs. en el lugar hasta que fuera reflotado el barco.

La empresa cumplió con lo pactado en forma tan solemne solo dos o tres años y a los tumbos, luego los peritos definieron que el rescate no era rentable, por lo que abandonaron el proyecto, el barco con lo que quedaba adentro y al sereno, que también paso a ser “no operativo” y su historial archivado.

Pasaron años, se fue la juventud de “El Bonito” y el tiempo corroyó su cuerpo tanto como el salitre al hierro. Ambos se avejentaron día con día, uno ya muerto, disgregándose, y el otro a la espera de su propio hundimiento.

De a poco, sin darse cuenta, “El Bonito” se mimetizó con la costa y sus soledades, estaba tan acostumbrado a las sudestadas que las extrañaba si demoraban demasiado. Se enriqueció de amaneceres con cielos negro-azulados cuando las estrellas van desapareciendo y la luz desborda el horizonte. Colmaron su alma los atardeceres increíbles observando al inmenso sol zambullirse en el horizonte, metió en su vida a las gaviotas, los gaviotines, los lobitos de mar ocasionales, incluso la visita fugaz de ballenas a lo lejos en su viaje eterno hacia el sur.

Como un niño inquieto buscaba por la orilla los sorprendentes regalos que le brindaba la marea luego de las tormentas, los despojos extraños que el mar le acercaba algunas veces y con ellos las miles de historias olvidadas. Se enamoró tanto y tanto de ese sitio, que lo amó, lo amo profundamente, y amante del espacio infinito, preñó las soledades.

Comentaban algunos haberlo visto convertirse en gaviota y volar muy alto, vigilando de lejos los restos del navío, su casa y la costa toda.

Otros aseguraban que se transformaba en lobo de mar y nadaba hacia la Isla de Lobos a visitar a sus amigos y al volver se sumergía y pasaba haciéndole caricias al casco ruinoso de su compañero.

No faltaban quienes decían que se volvía cangrejo, desapareciendo entre las piedras de la rompiente, y aunque muchos lo vieron transformado, nunca aparecieron pruebas, ni se buscaron.

Así creció la fama y se convirtió en historia.

En contadas ocasiones rumbeaba para el pueblo a pertrecharse de lo básico que asegurara su existencia. Su piel parecía un grueso y quemado pergamino convirtiéndolo en una especie de antigua momia rediviva. Llevaba lo indispensable – pescado le sobraba - algo de vino compañero, yerba para el mate, arroz, agua dulce y el infaltable tabaco.Siempre según si las finanzas permitían, porque todo dependía de los envíos que llegaban del otro lado del océano, de las europas, y estos fueron viniendo muy salteadas, luego raleadas y por fin ya no vinieron.

Las cuentas en la libreta del boliche se hicieron impagables, pero el crédito jamás murió, porque “El Bonito” ahora era una postal para turistas, el viejo naufragio un despojo que atraía curiosos visitantes y con ellos las finanzas crecían en el villorrio.

Y así siguió viviendo el hombre de esperanzas mezcladas con historias, que el tiempo y la inventiva fue llenando de imágenes, hasta que al final los limites se hicieron borrosos, nadie sabia cual era la verdad, cual la mentira.

Una tarde hermosa de verano, Pantaleón le dijo al dueño del almacén, que si llegaba a pasarle “alguna cosa”, no lo enterraran en otro lado que no fuera junto al ranchito, allí frente a su viejo compinche encallado, entre el mar de mar y el mar de arena, en el medio de su destino de salitre, que así seguiría sintiendo los frescores de invierno, los truenos del sur, las gaviotas en sus elevadas discusiones, y volvería por fin, vuelto arena, olas y espuma.

Desde hace años el rancho solitario se ha vuelto una tapera, que orgullosa protege esa pequeña tumba de arena que los vientos se encargan de prolijar con inmenso cariño. Su humilde cruz de palo ha sido tapada por las dunas, que la consideran propia. Ya nada indica donde yace “El Bonito”.

Para quien no conozca la historia, todo lo que aquí se ha contado no es mas que eso, un cuento, pero sus amigos, sus hermanos de mar, saben bien donde están escondidos los recuerdos y los cuidan, en especial el gigante esqueleto del Bomfin, que cuando el mar se encrespa y las olas se hacen inmensas, peligrosas, enfadado las enfrenta, aun a costa de seguir destruyéndose hora tras hora, amansándolas al fin, y permitiéndoles, ya convertidas en suaves ondas, que lleguen mansas hasta el rancho ruinoso y su secreto a brindarle a su amigo, con ese delicado y permanente ir y venir, saladas caricias de espuma y su eterno respeto.
La entrevista que nos saca de dudas

- Buenas noches, querido pùblico de "Debate Nacional". Saludamos a toda nuestra audiencia de radio y televisiòn. Hoy, como lo habìamos prometido, estarà con nosotros el Senador de la Repùblica, Doctor Santiago Martìn Daniel Gurrustiaga y Feliò, principal candidato de nuestro mas antiguo y tradicional partido polìtico fundacional, quien ha aceptado concurrir a este programa para que nuestro pueblo, el Soberano, quien con su voto decidirà en las urnas en las cercanas elecciones nacionales los destinos de la Naciòn, sepa cuales son sus propuestas, cuales a su real saber y entender los principales problemas que nos estan acuciando y las soluciones que tomarà en caso de acceder a la presidencia. Y sin màs, agradeciendo su presencia en esta humilde casa, con ustedes nuestro entrevistado. Buenas noches señor Senador.

- Pero viejo amigo, es un placer estar en este prestigioso programa de alcance nacional, y digo mas, una obligaciòn para mi Partido y para mi en particular, para que este pueblo tan sufrido, tan corajudo y patriòtico, nos conozca y asi, convencido, nos de su venia legal votàndonos para ser el pròximo Presidente de la Naciòn, con el orgullo y la respònsabilidad que esto implica. Es un reto que asumo con total convencimiento. El que agradece soy yo, y nuevamente le digo que es un placer estar aqui esta noche. Quedo entonces a sus òrdenes.

- Bueno Senador, agradezco sus palabras. Usted es practicamente "de la casa", podrìamos decir. Pero aun sabiendo que conoce perfectamente el mecanismo de nuestro programa, lo repetiremos para que la audiencia lo entienda. En base a encuestas recientes de la conocida empresa Interamericana de Opiniones, sabemos cuales son las principales inquietudes de la gente. En esta entrevista le trasmitiremos al señor Senador estas inquietudes, y èl nos darà su libre opiniòn en relacion a las mismas. ¿Comenzamos Senador?

- Cuando ustèd lo indique.

- Bien. La primera pregunta es inquietud en un 83% de los encuestados y es la siguiente: ¿Cual es su postura ante la actual situaciòn de la deuda externa del paìs? ¿Mantendrà los compromisos externos, aumentarà los impuestos, generarà una nueva reducciòn del consumo personal?. Las càmaras son suyas Senador.

- Le agradezco su pregunta. Esa interrogante me permite explayarme en un tema que es crucial para mi partido y para mi en particular, porque la actual situaciòn internacional y nacional nos hacen proclives a sufrir de importantes presiones externas e internas y el devenir de las coyunturas, tanto en lo macro como en lo microeconòmico - quizàs de mayor importancia para el hombre comùn - no son lo que nosotros quisièramos en un tiempo de reflexiòn. Por el contrario, aunque si en realidad fuera factible, entonces alli si nos encontrarìa a todos unidos y prestos. Por eso no dudo en afirmar que, pese a los agoreros de la oposiciòn, sepan que sabemos como hacerlo y no dudaremos en repetirlo cuando creamos necesario hacerlo. Espero haber sido claro, estimado amigo.

- Alli esta la respuesta del Senador ante estos preocupantes temas. Queda para los crìticos y para el estudio. Pasemos ahora a la segunda preocupaciòn ciudadana - un 77% en el total de los entrevistados lo expresaron - la Salud Pùblica. Sabemos que este ministerio es la "Cenicienta" de los ministerios. ¿Cual es su posiciòn en este crucial tema?

- ¡La salud! ¡Que tema, mi estimado periodista!. Y la Salud Pùblica en especial. Es una de las mayores preocupaciones de mi grupo polìtico y mia en particular. Años de abandono - si, lo se, de gobiernos que vergonzosamente son de mi propia banderìa - pero por eso estamos cambiando los lìderes polìticos, somos la nueva generaciòn, el relevo joven para un nuevo Paìs, que es lo que estas arcaicas estructuras necesitan. Tenemos las soluciones frescas que los grandes y viejos problemas necesitan. Generaremos mayores recursos para nuestros hospitales, elevaremos los sueldos a los funcionarios tècnicos y no tècnicos, elevaremos el ingreso de los profesionales. Renovaremos los equipos obsoletos, todo en la medida que las cuentas internas y externas generen los balances reales que nos permitan perimir estas viejas lacras, que si no se generan, entonces no nos permitiràn. Asi y solo asi lograremos tener a la poblaciòn protegida y segura, porque solo nuestro partido tiene las posibilidades de llegar a buen puerto. Lo haremos coyunturalmente, o si no, no. A no ser que sea preciso dejar de lado la carencia, pero adecuaremos percentilarmente, tèngalo por seguro, que no tenemos ningùn compromiso que no lo sepamos de adelantado, sin dudas, mi amigo.

- Bien, Senador, espero que nuestra audiencia haya quedado satisfecha con su respuesta. Vamos entonces a la tercera pregunta que se relaciona con el Banco de Prevision Social. Jubilaciones y pensiones. Fue la pregunta de un 68% de los consultados. ¿Volverà a implementar el aguinaldo a pensionistas y jubilados? ¿Devolverà la plata de las viviendas para jubilados?

- ¡El Banco de Prevision Social! ¡Otro tema de importancia fundamental para mi partido polìtico y para mi en particular! ¡Que tema la situaciòn de nuestros queridos viejos! Pero pueden quedar tranquilos, yo les aseguro en esta hora temprana - y doy mi palabra - que tenemos pensado un manejo de las finanzas que impedirà las evasiones generadoras de las carencias impropias de una conducciòn adecuada de las polìticas para los pasivos. ¿Es que se creen esos izquierdistas que somos insensibles? ¡De ninguna manera! ¡Se equivocan de medio a medio! Será otra de nuestras primeras medidas cuando lleguemos a la presidencia, un gran acuerdo nacional, considerandolo imprescindible para la tranquilidad de nuestros queridos ancianos. No nos olvidaremos de nadie, porque estamos del lado de la gente.

- Muy bien, vamos entonces a la cuarta pregunta, en otro tema de particular peso e importancia, demostrado por sumar la pregunta fundamental en un 59% de las personas entrevistadas en forma aleatoria y en todo el paìs. Las Fuerzas Armadas. ¿Verdad, justicia y nunca mas? ¿Profundizaciòn de la Ley de Pretensiòn Punitiva del Estado...? lo escuchamos.

- Nuevamente agradezco su pregunta, porque me permite tocar una arista polìtica especialmente sensible. ¡Las FFAA! Otro tema de fundamental importancia para mi partido polìtico y para mi en particular. Tenemos en este asunto una posiciòn que difiere de la de nuestros contrincantes, ya que no somos radicales, pero el conservadurismo sostenido no puede remediar los posibles cambios sustanciales en los actuales momentos, a no ser que los conflictos se entroncaran con las poderosas razones de la realidad. Reforzaremos las intencionalidades concurriendo a la mayor inteligencia de nuestros asesores. ¡Las gloriosas Fuerzas Armadas de la Patria pueden estar confiadas con nuestra dirigencia! ¡No podràn estar fuera del marco legal, aplicaremos la Ley! Todos tendran sus razones y todos seràn escuchados. Como bien decìa nuestro inolvidable Presidente Honorario del Partido: "Verdad sera la Justicia, y justicia haremos con la verdad".

- Perfectamente, señor Senador. Pasamos aqui a un intervalo comercial y a posteriori volveremos...

- ¡Un intervalo comercial! Nuevamente se aprecia la genialidad suya personal y la calidad de su programa. Esta pregunta me permite aclarar un tema que es de fundamental importancia para mi partido polìtico y para mi en particular. No cejaremos en los años de gobierno en lograr que...

- Siento interrumpirlo, señor Senador, pero hemos tenido un malentendido. En realidad lo que quise decir es que pasamos a los compromisos comerciales y luego usted...

- ¡Los compromisos comerciales! Pero como va a sentir interrumpirme, si penetra ustèd - y bien lo dice - en un tema de fundamental importancia para mi partido polìtico y para mi en particular. ¡Que nadie se llame a engaño y tengan todos en cuenta!, ¡jamàs permitiremos que los "rojos" logren con su permanente ponzoña que la gente sana y honesta de este pais deje de respetar los compromisos que...

-´Señor Senador, tenemos que cortar...

- ¡Eso, eso, cortar! ¡Cortar por lo sano! ¡Limpiar de yerba mala este territorio! Otro tema de fundamental importancia para mi partido polìtico y para mi en particular que me permite...

La verdadera muerte de las utopías




Año 1967. Juan Carlos Pérez Rodriguez tiene 22 años. Se levanta contra la injusticia imperante en su país. Con un grupo de jóvenes activistas comienzan una serie de actividades de movilización de masas. Escriben grandes consignas en pasacalles que llevan cual estandartes, elevándolas orgullosamente por sobre sus cabezas mientras marchan por las calles de la ciudad entre cánticos libertarios de pasión exacerbada. Se lee:


“¡POR UN PAIS REALMENTE DEMOCRATICO – POR LA REFORMA AGRARIA – POR LA NACIONALIZACIÓN DE LA BANCA – POR EL CONTROL DEL COMERCIO EXTERIOR – POR LA LIBERTAD DE PRENSA – CONTRA TODO TIPO DE INJERENCIA EXTRANJERA – POR LA SALUD PARA EL PUEBLO- POR PAN, PAZ Y TRABAJO - NO A LA GUERRA – ABAJO EL IMPERIALISMO!!”


El gobierno burgués, reaccionario y tradicionalista no tiene capacidad de maniobra política. Refuerza las medidas de seguridad, la situación tiende a desestabilizarse.


Año 1975. Tercer año de una brutal dictadura cívico-militar de carácter fascista, dogmática y anticomunista. Juan Carlos Pérez Rodriguez tiene 30 años, es casado, con dos hijos y militante clandestino de los movimientos antidictatoriales. Con un grupo de revolucionarios pintan grandes consignas en pasacalles que cuelgan en las avenidas de la ciudad en operaciones llamadas “manifestaciones relámpago.” Se lee:


“¡POR UN PAÍS LIBRE – ABAJO LA DICTADURA ASESINA – LIBERAR A LOS PRESOS POLÍTICOS – NO A LA TORTURA – JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPABLES – PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS.!”


La dictadura, incapaz de entender la Democracia, hace lo que sabe y aprendió en los círculos militares del Canal de Panamá. Reprime, tortura, desaparece, asesina. Al mismo tiempo genera una deuda externa gigante. En el país reina la paz de los cementerios.


Año 1987. Segundo año del primer gobierno elegido democráticamente por elecciones libres luego de la caída de la dictadura militar. El pueblo ha votado por el mismo partido que ejercía el poder antes de los militares y que propició el golpe. La búsqueda de libertades se hace incontenible. Multitudes salen a la calle permanentemente en reclamo de sus derechos. Juan Carlos Pérez Rodriguez tiene 42 años, cinco hijos y un yerno. (La mayor se acaba de casar y viven todos juntos en la antigua casona familiar que heredó de sus padres.) Con un pequeño grupo de amigos militantes pinta enormes pasacalles que recorren las avenidas llevados en alto entre cánticos y esperanzas. Se lee:


"¡POR UN PAIS REALMENTE DEMOCRÁTICO – POR LA REFORMA AGRARIA – POR LA NACIONALIZACIÓN DE LOS BANCOS – POR EL CONTROL DEL COMERCIO EXTERIOR – POR LA LIBERTAD ABSOLUTA Y TOTAL DE LA PRENSA – CONTRA TODO TIPO DE INJERENCIA EXTRANJERA – POR EL REENCUENTRO CON LOS COMPATRIOTAS EXILADOS – POR LA VERDAD SOBRE LOS DESAPARECIDOS – JUICIO Y CASTICO A LOS CULPABLES – POR UNA SALUD REALMENTE POPULAR – POR PAN, PAZ Y TRABAJO – ABAJO EL IMPERIALISMO!!”


El primer gobierno democrático burgués, reaccionario y tradicionalista no tiene capacidad de maniobra política. Refuerza las medidas de seguridad, la situación tiende a desestabilizarse.


Año 1994. Cuarto año del segundo gobierno democrático luego de la caída de la dictadura cívico-militar. El pueblo ha votado al otro partido tradicional. Persisten las movilizaciones populares, pero han perdido la importancia de antaño. Se hace incontenible la emigración de la gente. La deuda externa del país crece a pasos agigantados. La corrupción prevalece. Juan Carlos Pérez Rodriguez tiene 49 años, cinco hijos, un yerno, una nuera y tres nietos. Todos viven en la misma casa y los padres de la señora, por razones económicas, han venido a vivir con ellos. Con algunos amigos pintan pasacalles que colocan en las esquinas cercanas a sus domicilios. Se lee:


“¡POR UN PAIS QUE DE TRABAJO A SUS HABITANTES – POR UNA PATRIA LIBRE DE INJERENCIA EXTRANJERA – POR JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPABLES – POR LA VERDAD SOBRE LOS DESAPARECIDOS – NO A LA VENTA DE LAS EMPRESAS ESTATALES – NO A LA CORRUPCIÓN!”


El segundo gobierno democrático burgués reaccionario y tradicionalista, completamente corrupto y entreguista, nacionaliza todas las empresas del estado. Se llega a los mayores índices de desocupación que el país ha conocido en su historia. El hambre se hace presente. Crece la prostitución, los robos y el trafico de drogas.


Año 2003. Tercer año del cuarto gobierno democrático luego de la caída de la dictadura cívico-militar. El pueblo ha votado ahora por una coalición de los dos partidos tradicionales burgueses, reaccionarios y tradicionalistas, corruptos y entreguistas, los mismos que han gobernado el país desde su nacimiento. La emigración llega al 30% , vivimos en un país en “dispersión”. Se han cometido los mas increíbles casos de corrupción a altísimos niveles. Han robado a las arcas publicas mas de 3.000 millones de dólares. No hay nadie preso. Se superan todos los índices internacionales de desocupación, prostitución, robos, trafico de drogas, trafico de influencias. La gente busca comida en los tachos de basura. La gente come ratas, perros, gatos y lo que puede conseguir. La deuda externa es absolutamente impagable. Juan Carlos Pérez Rodriguez tiene 59 años recién cumplidos. Como tuvo que vender la vieja residencia de sus padres, ahora vive en una casa mas chica, alquilada en las afueras de la ciudad, con su esposa y el padre de ella. La abuela murió unos años atrás y todos los hijos, nueras, yernos y nietos emigraron a otros países. En el patio del fondo, bajo una vieja parra de uva “chinche”, pinta solitario, decidido, en forma casi automática y con grandes letras, un pasacalle improvisado en una vieja sábana blanca matrimonial y lo cuelga en la pared del frente de la vivienda con inalterable patriotismo - pero con gastada esperanza - ayudado por su señora y el suegro, acompañados por Nerón y Batuque que ladran moviendo las colas a máxima potencia apoyando el acto de rebeldía civil. Los cinco están bajo la atenta mirada de Catunga, el gran gato barcino castrado que observa curioso, pero prescindente, desde el centro de la mesa vacía del comedor de húmedas paredes despintadas, donde con paciencia felina, en una pose propia de verdadero artista de circo, eleva estirando hacia el cielo una de sus patas posteriores y se curva en casi 360 grados, para lipiarse el culo a pura lengua, sin dejar de mirar de reojo los acontecimientos. Se lee:


¡POR UN PAIS!”




Luisito







Y si, fue así toda la vida.



Medio deforme su cara y siempre ligeramente agachado, como en una reverencia permanente.

El tener una pierna mas pequeña le daba un tranco extraño al caminar y su estrabismo le regalaba una apariencia casi burlona, porque uno no sabía bien con que ojo estaba mirando.

Luisito era un “pan de Dios” si, un “pan de Dios”, ninguna maldad, simplemente un retardo leve desde el nacimiento, que lo hacia “diferente”, lo suficientemente diferente como para que no le dieran ninguna oportunidad laboral seria, lo suficientemente "diferente" como para ser siempre discriminado.

El se buscaba la vida recorriendo toda la avenida 18 de Julio y la calle Sarandí vendiendo las cosas más inverosímiles,

Durante mucho tiempo se lo vio con una señora mayor - seguramente su madre - siempre del brazo, inseparables, paseando sus estampas y su pobreza por las calles del centro.

Un día ella dejó de estar y de allí en más anduvo solo.

"¡Tengo los americanos, los americanos legítimos a veinte el paquete de treeeeesss!" - dicho esto casi como un susurro, como en secreto a los varones que pasaban por la vereda y consideraba potenciales clientes - porque vender preservativos en la vía pública no era changa hace cuarenta años.

También lo recuerdo en el Parque Rodó: "¡A los churros!, ¡calentitos los churros! ¡simples y rellenos de dulce de leche los churros!, ¡CHUUUURRROSSSS, a los ricos churrrosssss!", toda la vida voceando la mercadería de otros, él nunca tuvo nada, solo fue un producto marginal de una sociedad pacata y enferma que lo rechazó permanentemente.

Así fue cliente de piezas de pensión baratas, tristes, grises, donde convivió con su eterna soledad, sus limitaciones, sus carencias.

Tengo recuerdos de él desde muy chico, cuando con túnica escolar lo toreábamos a los gritos de: ¡Epa Luisito!, ¡Opa Luisito! y canturreabamos en posición preparada para el raje: ¡Luisito, Luisito, nos importás un pito!, porque los niños pueden ser muy crueles, muy duros con la gente diferente.

Este tratamiento nos hacía acreedores de furibundas puteadas e intentos de agresión que solo quedaban en eso, ya que nosotros – recién salidos del cascarón - corríamos mucho más que él, que ya era un hombre joven y por sus imposibilidades físicas solo atinaba a dar un trotecito atravesado, acelerado e irregular que generaba aún más hilaridad entre nosotros.

Alguna vez lo vi paseando con un letrero doble colgado del cuello, lo que llamaban “hombre sándwich” por las principales calles, haciéndole la propaganda a algún comercio conocido y competencia a otro personaje entrañable de aquel Montevideo que ya fue, al recordado "Fosforito", que siempre andaba disfrazado de Carlitos Chaplin con su infaltable bombín, bastón y zapatos gigantes, moña colorada y peluca exagerada. (Llegué a enterarme que “Fosforito” murió por los ochentas, en plena dictadura, quizas abandonado, pobre y solo.)

Y así se fue yendo la vida y pasaron más de cuarenta años.




Ayer fuimos con mi señora a comer al Mercado del Puerto, a disfrutar un descanso merecido que implica gastar unos pesitos que se deberían ahorrar dada la penuria económica que se vive, pero con la mutua aceptación de que mejor gastarlos por una vez en un buen almuerzo, uno de esos pequeñísimos gustos que nos podemos dar los rioplatenses, porque un día de vida es vida.



Pensar que este mercado lleno de restaurantes y artesanos, este inmenso juguete para armar dicen que se construyó en Europa a fines del siglo XIX y vino a parar aqui de casualidad. Cuentan - no se si sera verdad - que tenia que ir a Chile, para una estación de tren, pero la desembarcaron por equivocación.

"Si vieja, donde vos quieras, para mi esta bien".

Me impone respeto la estructura que jamás llegó. Nunca sintió el pito del tren a vapor, los pasajeros apurados, el tronar de las moles de hierro. El destino le tenia preparado sirenas, pero de barco, y olor a frutas, verduras, salitre, humo de fogones, asados . Extraño destino.

Inevitablemente pienso en estas cosas cada vez que vengo, es casi como un rezo al ingresar a sus entrañas.

"No, ¿por que decís eso? me quedo mirando para arriba porque me gusta, nada mas, ¿no te llama la atención esta construccion? ... y bueno, sos mujer."

Parecíamos flotar junto a las mesas en un gentío de variadas nacionalidades. Luego, ya sentados, a la espera de nuestra paella y el vacío a las brasas, mientras disfrutabamos un vino sin demasiada alcurnia, pero que sabia acompañar, a mis espaldas una guitarra arrancó a sonar a ritmo de milonga y una voz gastada improvisó una payada ficticia.

Pudo más la curiosidad, me di vuelta, ¡y allí estaba!, el payador improvisado era Luisito. En realidad una caricatura de aquel de mis recuerdos.

Ahora Luisito el ancianito, muy encorvado, de pelos blancos y escasos, boina azul, ropas pobres pero aseadas, su estrabismo muy pronunciado, el maxilar inferior desdentado mostrando un único diente sobreviviendo estoicamente.

No se que cantaba, solo lo vi y recordé. Recordé mucho.

Pasaron por mi mente las túnicas, el timbre del recreo, los helados palito de agua y fruta que vendía aquella viejita en la puerta de la Escuela República Argentina, la risa de mi madre y mi viejo en su consultorio arreglando los dientes de algún paciente, el tío comprando Richmond sin filtro en la vieja Vascongada y las tías preparando aquellos postres exquisitos mientras Rayito, mi primer cuatropatas tan querido ladraba moviendo la colita a todo trapo regalándome aquel olor a leche cortada en su hociquito de cachorro.

Recordé tambien a mi abuelo caminando senil y enajenado por las calles de aquel centro que en su demencia eran las calles de su inolvidable Sondrio en el Piamonte, de aquella Italia que abandonó obligado por el hambre mas de 70 años atras, hablando solo en un dialecto de su tierra que nadie entendía.

Ese centro que fue mi barrio de juventud, la calle Cebollatí en el Barrio Sur con el gimnasio del glorioso Atenas de las alas negras, pasión basquebolera, los campamentos de la Cristiana, el liceo, el trío de Rock progresivo en español, los que se fueron, los que nos arrebataron, mi primera novia en serio y la única por siempre, la dictadura maldita, los ausentes, los estudios universitarios, el título, el exilio, el regreso, todos los que faltan y entreverado en esa avalancha de recuerdos el hoy cruel y sin sentimientos... el podrido presente de Luisitos-ancianitos-payadores-desdentados-encorvados-desamparados.

"¡No vieja!, es el resfrío y el humo de las parrillas que me irritan los ojos, no es nada, tranquila."

Y allí estaba, muy anciano pero firme y peleándole a la vida, a esa su vida injusta, ¿me entiende?, porque vivir, para Luisito ha sido como si nos pusieran en la cancha de la vida con el juez vendido, empezando el partido tres a cero en contra y con dos jugadores menos. Y él igual jugando ese juego vergonzoso, dientes apretados, garra charrúa. Aunque se le este viniendo abajo toda la estantería va a jugar hasta el último minuto, porque el partido termina cuando termina y de esto tenga la seguridad.

Decía el glorioso Sandrini: “Mientras el cuerpo aguante, voluntad no va a faltar”, porque cualquier partido solo se pierde cuando bajamos los brazos, no importa como va el tanteador, eso no importa, es cuando nos entregamos... allí si realmente se pierde.

Luisito carajo, todavía en la pelea... ¡y pensar que nos quejamos de nuestras pequeñas cruces! y este tigre llevando ese madero enorme de por vida, como aquel otro gigante lo llevó, y firme.

Como en un sueño su imagen se me desdibujó y una sonrisa enorme con el pelo engominado impecable y el gacho de costado, desde ningún lado y por todos lados me cantaba: “...cuardo rajés los tamargos, buscardo ese margo que te haga morfar, cuardo la suerte que es grela, fallardo y fallardo te marde parar...”

Por un momento me empecé a deprimir. Calculaba cuanto me separaba de aquel gurí de túnica y moña azul de los cincuentas, me vino una angustia casi irrefrenable que enseguida entendí que era por él, pero quizás egoístamente más por mí, al verme en ese espejo de tiempo. Pero enseguida pasó, me enorgulleció que parte de mis recuerdos entrañables estuvieran allí, en el trillo.


¡Luisito, carajo!, que lección de vida me esta dando y que macana no poder decírselo y agradecerle, darle un abrazo “de oso,” - como dice un amigo argentino - pero él no hubiese entendido nada... por eso con vergüenza me limité a poner unos pesos sobre la guitarra cuando pasó por la mesa pidiendo una colaboración con su andar dificultoso y lo vi alejarse hasta que se perdió entre la gente, entre los colores, los olores, las luces, los sonidos... para volver al reino de los recuerdos.




“...Vorveeeer... cor la frerte marchita, las nieves der tierpo platearon mi sier... sertiiiir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febrir la mirada, errarte er la sorbra te busca y te norbra... vivir... cor el arma aferrada a un durce recuerdo que no volverá...” seguía el Mago implacable en mis adentros...

"¡Que no mujer...! es el resfrío y el humo te digo... se me irritaron, por eso me lloran un poco... quedate tranquila que no es nada che. ¡Mozo!... me trae la cuenta por favor... le agradezco".